El negocio de preservar la historia: cómo los hermanos Thärigen transformaron el Palacio Barolo en una empresa rentable

Miqueas y Tomás Thärigen lograron convertir un legado familiar en una próspera empresa de turismo cultural en el corazón de la Avenida de Mayo.

Claudio Celano Gómez

Con más de 100 metros de altura y una arquitectura inspirada en la Divina Comedia de Dante Alighieri, el Palacio Barolo se impone como uno de los centros históricos y comerciales más relevantes de la Ciudad de Buenos Aires. Concebido originalmente en la década de 1920 por el arquitecto Mario Palanti para albergar oficinas, este emblema porteño ha experimentado en las últimas dos décadas una transformación sustancial. Detrás de su fachada monumental y de su consolidación como un imán para el turismo nacional e internacional, se encuentra la visión estratégica de la familia Thärigen.

Palacio Barolo
Fotos históricas del Palacio Barolo, concebido originalmente en la década de 1920 por el arquitecto Mario Palanti.

A través de un modelo de gestión que combina la preservación patrimonial con la rentabilidad comercial, los hermanos Miqueas y Tomás Thärigen han logrado convertir un legado familiar en una próspera empresa de turismo cultural. En la actualidad, sus operaciones están generando un ecosistema de empleo contando de manera directa con 45 personas en su equipo, entre guías turísticos, personal del sector gastronómico y empleados administrativos.

La conexión de los Thärigen con el edificio tiene raíces centenarias. Su bisabuelo, el contador Carlos Jorio, fue uno de los pioneros en adquirir y alquilar oficinas en el inmueble durante la década de 1920. "Él empezó trabajando como contador hace 100 años. Luego falleció, trabajó mi abuela, y luego mi tío, que hoy es quien administra el Palacio", relata Miqueas Thärigen, director y co-creador de las experiencias turísticas del lugar. Fue en marzo de 2004, en el contexto de una Argentina post-crisis económica y con un tipo de cambio fuertemente devaluado, cuando Miqueas, por entonces estudiante de medicina, vislumbró la oportunidad de negocio. "El dólar estaba tres a uno, lo que favoreció mucho la llegada de extranjeros. Yo vi el interés cultural que tiene este edificio, investigué, me basé en arquitectos reconocidos y armé un guion", recuerda. Lo que comenzó como una forma de autogestión de unos jóvenes para solventar sus estudios universitarios, escaló rápidamente hacia una pyme de servicios turísticos.

Palacio Barolo
Rooftop para tomar algo mientras se disfruta de los paisajes de la ciudad.

La profesionalización del proyecto exigió innovación. Tras consolidar los recorridos diurnos, los fundadores ampliaron su portafolio comercial apuntando a la experiencia inmersiva del usuario. Integraron degustaciones de vino Malbec en el faro con etiquetas personalizadas, sumaron música en vivo con chelistas en la torre, y crearon productos de nicho y alto valor como el tour "Forever Love" (originalmente concebido como "Barolo Mata Galán"), diseñado específicamente para propuestas de matrimonio en el piso 22 con atención exclusiva.

La visión de los hermanos fue más allá del turismo tradicional. En 2019, Miqueas y Tomás adquirieron una oficina en la cúpula del edificio para materializar un proyecto que había quedado relegado en los planos originales de Palanti: un restaurante en las alturas. Así nació el rooftop Salón 1923, un espacio que requirió la remodelación integral de las terrazas para sumarle al visitante una oferta gastronómica de primer nivel y que hoy es un pilar de la facturación del grupo.

Palacio Barolo
Palacio Barolo, el único faro urbano del mundo.

El modelo de negocios de los Thärigen demuestra que la gestión cultural privada puede generar externalidades económicas altamente positivas para los consorcios. Una porción de los ingresos comerciales derivados de la actividad se destina de manera directa al mantenimiento y la puesta en valor de un inmueble centenario que demanda inyecciones constantes de capital.

"El consorcio recibe un dinero muy importante para la manutención. Esta es una excelente oportunidad para que los consorcios de edificios históricos tengan un ingreso extra y recuperen el patrimonio", explica Miqueas. Este esquema de retroalimentación no solo reduce la presión de las expensas para los propietarios e inquilinos, sino que incrementa la cotización del metro cuadrado de las oficinas al prestigiar el inmueble. Entre los aportes patrimoniales financiados por este ecosistema se cuentan la restauración del emblemático faro, la modernización de la planta baja con su centro de informes Art Déco, la incorporación de estatuas de Palanti y Barolo, y el recupero de la escultura original *Ascensión*, donada previamente por la tía abuela de los fundadores, Amelia Jorio.

Palacio Barolo
Vistas únicas de la Ciudad de Buenos Aires.

Con el objetivo de institucionalizar el impacto social y canalizar la agenda artística, los hermanos crearon en 2019 la Fundación Los Amigos del Palacio Barolo. Apoyados esporádicamente por el gobierno de la Ciudad en rondas de negocios internacionales por la región, actualmente se encuentran tramitando la certificación de "Marca País". Su ambición a mediano plazo es lograr que toda la Avenida de Mayo adopte un perfil de desarrollo similar al de la Gran Vía de Madrid, potenciando locales y capitalizando la riqueza arquitectónica de la zona.

A pesar de liderar una empresa que posicionó al Barolo a la altura de hitos globales, Miqueas Thärigen mantiene activa su profesión original. Hoy ejerce como médico ginecólogo y mastólogo especialista en patología mamaria. Lejos de dividir su tiempo en mundos desconectados, el empresario encontró la forma de entrelazarlos: "El Barolo tiene el único faro urbano del mundo. Hace 11 años lo iluminamos de color rosa para concientizar a todas las pacientes para que se hagan los chequeos anuales. Ahí vinculo lo que es la arquitectura con la prevención". Apoyado en un sólido esquema de delegación de tareas y en la sociedad estratégica con su hermano Tomás, han logrado consolidar un emprendimiento privado que mantiene viva, rentable y pujante la gran obra maestra de Mario Palanti.