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26/07/2015

La vieja guardia empresaria está de vuelta

Por Ariel Cohen y Jairo Straccia | A meses del fin de mandato de Cristina, la vieja burguesía nacional está tomando la iniciativa. La reconciliación de dos viejos rivales y la vuelta de un histórico al negocio del petróleo.
Con casco. Macri y Scioli, al visitar distintas obras. Sus equipos preparan obras de magnitud y entusiasman a empresarios locales. | Cedoc.

Dos viejos rivales se reconcilian. Un histórico regresa al petróleo. El rey de las represas consigue un proyecto tras una década. Eduardo Eurnekian, Paolo Rocca, Gregorio Perez Companc y Enrique Pescarmona son cuatro miembros de la vieja burguesía nacional que a seis meses del fin de mandato de Cristina Kirchner están tomando la iniciativa.

Distanciados por cuestiones de negocios, Rocca y Eurnekian limaron asperezas. El  acercamiento se consagraría en una asociación entre una firma del grupo Techint, y Helport, de Corporación América. El padrino sería Hugo Dragonetti, titular de Panedile, una constructora que trabaja y tiene buena relación hace años con Techint, y que a la vez fue forzado a trabajar en conjunto con Eurnekian en obras financiadas por el gobierno ruso.

Techint cuenta con gran capacidad operativa. Panedile mucha tiene experiencia también en ingeniería, y Helport, si bien pujante y en crecimiento, todavía no tiene un tamaño tan importante como la influencia de Eurnekian.

Los cambios en el mundo del acero, donde el excedente de producción y las exportaciones a precios de dumping de China ya están impactando en las cuentas de Techint, que volvería a pisar fuerte en el mundo de la construcción local de obra pública.

Rocca y Eurnekian arrastraban un enfrentamiento desde la primera licitación de las represas Cóndor Cliff y La Barrancosa que, relicitadas y rebautizadas Néstor Kirchner y Jorge Cepernik, fueron asignadas a empresas estatales chinas y a la parakirchnerista Electroingeniería.

La recomposición se da en momentos en que la familia Perez Companc, dueña del grupo Molinos, anunció que vuelve al primer amor, el petróleo, al recomprarle la vieja SADE a Skanska (se la había vendido en 1999). Pagó $ 900 millones para reinstalarse como proveedor de servicios petroleros y subirse a una eventual fiesta de la mano de Vaca Muerta.

“Hace una década que Pescarmona no vende una turbina en el país”, resumía en 2014 por su parte un empresario energético. Industrias Metalúrgicas Pescarmona (Impsa), atravesó años duros durante el kirchnerismo. Se quedó afuera de las represas de Santa Cruz, el gobierno venezolano dejó de pagarle una megacompra de turbinas y entró en default. Recién este año, hubo un anuncio como mínimo alivio. Cuando el grupo Cartellone active la represa Los Blancos en Mendoza, hay una acuerdo para que Impsa provea los equipos hidroelectromecánicos. “Es un proyecto importante para Impsa”, dijeron fuentes de la compañía.

Todos apuestan a una “agenda de infraestructura y energía” que dicen tener los candidatos. Hablan de miles de millones en puentes, rutas y represas cada año.

US$ 20 mil millones por año

Los equipos técnicos del candidato oficialista, Daniel Scioli, y el del PRO, Mauricio Macri, tienen puntos en común respecto a su ‘agenda de infraestructura’. Estudios privados cifran en unos US$ 20 mil millones por año la inversión en puentes, obras públicas, represas y puertos al menos para la próxima década. Ese universo de negocios es un muy buen motivo para que los históricos referentes de la llamada ‘patria contratista’, junto con líderes de conglomerados que vienen en expansión, apuesten a ganar una porción de esos mercados.

Pero hay más, tanto Scioli como Macri aspiran, lo antes posible si asumen, a lanzar un plan de créditos de vivienda. Ya tienen borradores de proyectos similares a la Unidad de Fomento chilena, una medida de indexación de cuotas para compensar la inflación.

Nota publicada en la edición impresa del Diario PERFIL del 26 de julio.

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