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Economía

04/01/2016

El desafío de construir un país normal

Por Manuel A. Solanet, Director de Fundación Libertad y Progreso.

La normalidad de un país en el contexto de las naciones debe entenderse como un conjunto de atributos que permitan no identificarlo como un caso especial de estudio. Su crecimiento debe permitirle no quedar sistemáticamente rezagado frente al resto de los países. Sus instituciones deben ser estables y respetadas. Su sociedad debe convivir sin enfrentamientos permanentes. Su administración pública debe ser ordenada, sin caer en recurrentes incumplimientos de pagos o en inflación y devaluaciones periódicas. Su política exterior no debe ser cambiante. Un país puede estar por debajo de estos estándares, no alcanzando por lo tanto la normalidad, o también puede superarlos siendo en este caso una nación destacada.

La aspiración a que la Argentina sea un país normal podría interpretarse como una pretensión limitada. Alguien podría calificarla como el renuncio a una vocación de mayor grandeza. Sin embargo cuando con pocas excepciones han transcurrido más de siete décadas de anormalidades y que a consecuencia de ellas nuestro país perdió posiciones relativas, la aspiración de ser como la mayor parte de otras naciones podría ser hasta ilusoria. En el primer día de su gestión Nestor Kirchner manifestó su deseo de llevar la Argentina a ser un país normal. Pero  luego realizó todo lo que estuvo a su alcance para contradecir ese objetivo. Su sucesora Cristina Kirchner, al hacerse cargo aumentó la apuesta. Dijo que Alemania era el ejemplo a seguir, pero lamentablemente su mira se desvió hacia Venezuela. Los últimos doce años fueron de continuas e intensas anormalidades y como era de esperar culminaron en una crítica situación transmitida en herencia al gobierno de Mauricio Macri.

La gestión kirchnerista dañó profundamente las instituciones de la república. Afectó la independencia de poderes y el estado de derecho. Introdujo la mentira como instrumento de gobierno y la corrupción como costumbre. Dividió la sociedad apelando al odio y al resentimiento como armas de creación de poder. Creó un relato a contracorriente de la verdad, atacó la libertad de expresión, manipuló la historia y las estadísticas a su medida. El kirchnerismo practicó el populismo sin ningún pudor, recurriendo a intelectuales dispuestos a darle categoría de doctrina. Administró la economía con una impronta demagógica de muy corto plazo, priorizando el efecto inmediato aunque de esa forma se comprometiera gravemente el futuro.  Duplicó el número de empleados públicos y multiplicó el gasto estatal, pero al mismo tiempo deterioró los servicios, la educación y la seguridad. Congeló las tarifas de energía y transporte lo que obligó al gobierno a subsidiar en forma creciente esas prestaciones. Aumentó el número de jubilados a cargo del estado al disponer dos moratorias para quienes no hubieran hecho los aportes previamente. Expandió los llamados planes sociales, muchos de ellos otorgados con fines clientelísticos y electoralistas. De esta forma el déficit fiscal alcanzó niveles inéditos a pesar de que el fisco se apropió los ahorros de los futuros jubilados y aumentó los impuestos hasta niveles insostenibles. La inflación se afianzó en la Argentina impulsada por la emisión monetaria para solventar ese déficit como única alternativa ante la falta de acceso al crédito externo. El manejo de la deuda pública fue innecesariamente agresivo, guiado por ideologismos y carente profesionalidad. Terminó en un default técnico.

Las relaciones internacionales del kirchnerismo estuvieron sujetas a los dictados de Hugo Chávez.  La pertenencia al eje bolivariano alejó la Argentina de gran parte del mundo, incluidas las verdaderas democracias de la región. La sujeción a Chávez llevó a Cristina Kirchner a situaciones deplorables, desde la ridícula remoción del monumento a Colón, hasta el extremo del memorándum con el Irán de Ahmadinejad  para encubrir a los responsables del atentado contra la AMIA. Se entiende entonces el aislamiento internacional al que llegó la Argentina.

La situación heredada es el punto de partida que habrá que remontar para llegar a ser un país normal. La tarea no será fácil. La coalición Cambiemos no cuenta con las mayorías necesarias en el Parlamento. Tampoco tiene el dominio territorial de gran parte de las provincias, y en aquellas en que lo tiene, como Buenos Aires y la Capital, no alcanza mayorías legislativas propias. Sin embargo la capacidad y las ideas de quienes se desempeñan en el Poder Ejecutivo Nacional desde el 10 de diciembre de 2015, permiten esperar que puedan lograr  hacer de la Argentina un país normal. La oposición  política y los sectores representativos de la sociedad deben ser conscientes de la gravedad de la situación. Cada uno deberá recapacitar sobre su responsabilidad en la situación a la que se ha llegado. Las fuerzas políticas, así como las entidades gremiales y empresarias deben facilitar los acuerdos necesarios y asumir su parte en los sacrificios que exigirá recomponer el equilibrio fiscal, vencer la inflación, aumentar el ahorro y promover la competitividad. Si todos ellos no asumen que estamos frente a una emergencia nacional sino que cada uno privilegia su exclusivo interés, quedará lejos el objetivo de volver a ser un país normal.

Sin embargo esto no puede quedar en una apelación a la buena voluntad de quienes no comulgan con las ideas de una sociedad moderna, abierta y apegada a la libertad y al estado de derecho. Debiera lograrse un consenso mayoritario sobre estas ideas para que se impongan sobre aquellas que las contradicen y también para que superen a los intereses sectoriales y corporativos que las resisten. Este es el propósito de la prédica de la Fundación Libertad y Progreso.

——

Manuel Solanet_chico(*) Manuel Solanet es Ingeniero Civil con estudios de postgrado en Economía. Actualmente es Presidente de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas. Fue Secretario de Hacienda de la Nación y Secretario para la Modernización del Estado. Es además Director de Políticas Públicas de la Fundación Libertad y Progreso.

 

 

7 pensamientos en “El desafío de construir un país normal”

  1. Sin la mas minima intencion de polemica, solo como deseo de un compatriota, que quiere cumplamos con nuestra obligacion como pueblo, cuando los regimenes Dictatoriales, dejen de engañar al pueblo, y a las instituciones carcomidas por la corrupcion y los vicios.

    Sólo el trabajo podrá redimirnos de los desatinos pasados.
    Ordenemos primero nuestras cabezas y nuestros espíritus. Reorganicemos al país y dentro de él al Estado que preconcebidamente se ha pretendido destruir y que debemos aspirar a que sea lo mejor que tengamos para corresponder a un Pueblo que ha demostrado ser maravilloso Para ello elijamos los mejores hombres, provengan de donde provinieren, acopiemos la Mayor cantidad de materia gris, todo juzgado por sus genuinos valores en plenitud y no por subalternos intereses políticos, influencias personales o bastardas concupiscencias.
    Cada argentino ha de recibir una misión en este esfuerzo de conjunto. Esa misión será. Sagrada cada uno y su importancia estará, más que nada én su cumplimiento. En situaciones como la que vivimos, todo puede tener influencia decisiva y así como los cargos honran al ciudadano, éste también debe ennoblecer los cargos.
    Si en las Fuerzas Armadas de la República, cada ciudadano, de general a soldado, está dispuesto a morir tanto en defensa de la soberania nacional como del orden constitucional establecido, tarde o temprano han de integrarse al Pueblo que ha de esperarlas con los brazos abiertos como se espera a un hermano que retorna al hogar solidario de los argentinos.
    Necesitarnos una, paz constructiva sin la cual podemos sucumbir como Nación. Que cáda argentino, sepa defender esa paz solvadora por todos los medios, y si alguno pretendiera alterarla con cualquier pretexto, que se le opongan millones de pechos y se alcen millones de brazos para sustentarla con los medios que sean. Sólo asi podremos cumplir nuestro destino.
    Hay que volver al orden legal y constítucional como única garantía de libertad y justicia. En la función pública no ha de haber cotos cerrados de ninguna clase y el que acepte la responsobitidad ha de exigir la, autoridad que necesita para defenderla dignamente. Cuando el deber está por medio los hombres no cuentan sino, en la medida en que sirvan mejor a ese deber. La responsabilidad no puede ser patrimonio de los amanuense
    Cada argentino piense como piense y sienta como sienta, tiene el inalienable derecho a vivir en, seguridad y pacíficamente. El Gobierno tiene la insoslayable obligación de asegurarlo. Quien altere este principio de la convivencia, sea de un lado o. de otro, será el enernigo común que debemos combatir sin tregua, porque no ha de poderse hacer nada en la anarquía que la debilidad provoca o en la lucha que la intolerancia desata.
    Conozco perfectamente lo que está ocurriendo el país. Los que crean lo contrario se équívocan. Estamos viviendo las consecuencias de una postguerra civil que, aunque desarrollada embozadamente no por eso ha dejado de existir. A ello se le suma las perversas intencionea de los factores ocultos que, desde la sombra, trabajan sin cesar tras desígnios no por inconfesables menos reales. Nadie puede pretender que todo esto cese de la noche a la mañana pero todos tenemos el deber inéludible de enfrentar actívamente a esos enemigos, si no querernos perecer en el infortunio de nuestra desaprensión o incapacidad culposa.

  2. Fernando
    Tenes que tener en cuenta quien escribe esto:

    «Secretario de Hacienda de la Nación y Secretario para la Modernización del Estado.»
    Durante el Proceso y encargado de la administración de los Fondos Patrióticos de Malvinas cuyos destinos se ignoran.
    Por eso que se autodesigne:
    «Presidente de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas»

    Es todo una ironía.

  3. Empezamos mal con cambiemos .En mi caso no me dieron los $ 400 extra .
    cuando CRISTINA nos bancarizo de gratis nos extendió tarjetas de débito y de crédito y tarjetas de débito y de crédito para nuestros apoderados y la posibilidad de retirar siete días antes parte de nuestros HABERES cambiemos cambio todo TRUNCO la posibilidad de estirar un poco nuestros magros HABERES de JUBILACION autonomo con aportes . ENERO se me hace mas duro de pasar que el mes de Agosto . En mi caja de ahorros en $ no hay nada depositado ni habrá hasta el 27 de Enero a correr la ???????comeremos ?????con la DEVALUACION los alimentos se fueron a las ☁️☁️☁️☁️☁️☁️

    En Davos te prometen pero nos harán un corte de manga .

    No entregues a la Argentina hoy cada uno de los 42 millones de argentinos debemos USD 4.800 te ✅estaremos ?????? ???????????????????????

  4. Muchachos que se anotan a la legion infanto juvenil, domesticados a imagen y semejanza del » Modelo «, nunca , pero nunca, se preocuparon en hacer marchas por amor a sus abuelos, cuando la mano cruel de la Viuda , Veto el 82 % para los jubilados. Que Dios los bendiga. Les dejo un abrazo.

  5. No tanta cháchara técnica y veamos lo esencial que como nunca, es invisible a los argentinos. Cuando se supo que el animal de budú había puesto 1500 tipos más en el senado ¡horror e indignación! hasta que los rajaron. ¿Pero nadie se pregunta por qué tiene que haber 3000 tipos trabajando para 100 senadores? Con NADA ME CONVENCERÁN DE QUE ES TAN DISPARATE COMO CASI TODO EL ESTADO ARGENTINO, MÁQUINA DE IMPEDIR SI LAS HAY, LLENO DE BURRÓCRATAS Y RETARADOS que a cada argentino nos cuesta uno de cada dos días que trabajamos. Y la EDUCACIÓN, cuando se anda por el interior y se encuentra, en cada pueblo, 2 o 3 «docentes» de «licencia» y el año que viene idem y así se llega a la conclusión de que un tercio del plantel docente es cuasi ñoqui y la educación es cara y pésima y así seguimos sin ver la realidad del hiperestado bobo y corrupto que nos esquilma gracias a los políticos que nos quieren hacer ver todo como imprescindible cuando NO LO ES. Me puse contento hace años cuando se dijo «achicar el estado es agrandar la nación» pero una vez más la merde llamada POLÍTICA arruinó todo además de hacer que la frase, buena en sí misma, se volviera una barbaridad. Y seguimos…

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