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14/05/2020

Claves para volver al trabajo tras la cuarentena

Por Juan Medici* / Cómo volver a unir equipos que estuvieron separados por el aislamiento social. Los beneficios de la experiencia vivida.
El 82% de los encuestados en Argentina asegura haberse adaptado a la nueva situación laboral generada por la pandemia.

Sin dudas, estamos viviendo uno de esos momentos que marcarán un antes y un después en la Historia. Mientras, cada vez más países se embarcan en diseñar la “Nueva Normalidad”, también es tiempo de pensar cómo serán de ahora en adelante las empresas y organizaciones.

Uno de los puntos en el que habrá que meditar, de características eminentemente prácticas, es cómo volver a “unir” a los equipos de trabajo. Probablemente, todavía estamos lejos de que todos los miembros de una organización puedan volver a trabajar “cara a cara” en un mismo espacio pero, a medida que se vayan relajando las restricciones, se deberá pensar en procesos y protocolos para ir recuperando aquellos momentos informales (almuerzos, cafés, por ejemplo) que tanto bien nos hacen a las personas. Cambios que irán ayudando a superar esa “falta del otro” que estamos viviendo actualmente.

Otro tema en el que las organizaciones ya deberían estar pensando es cómo aprovechar los cambios que ha generado el “confinamiento” para desarrollar nuevas actividades y posibilidades de trabajo presente y futuro. Los líderes deben estar atentos para descubrir si su organización y equipos han mostrado capacidades y experiencias que se habían pasado por alto, y que pueden resultar beneficiosas, y ser fuente de crecimiento y desarrollo de aquí en adelante.

Pero, por sobre todas las cosas, las empresas deben estar ya mismo aprovechando la oportunidad que brinda esta crisis para cambiar en profundidad su “forma de ser”.

Desde hace tiempo existe una tendencia hacia la “humanización” de las empresas, pero no cabe duda que esta Pandemia a la que nos estamos enfrentando debe empujar a toda compañía u organización a poner cada vez mayor énfasis en su gente, y en generar contextos que puedan acompañarlas y contenerlas.

Es decir, las organizaciones deben ser cada vez más “empáticas” para con sus colaboradores, entendiendo sus situaciones individuales. Tienen que ser “flexibles”, para adaptarse (y acompañar a sus empleados para que se adapten) a situaciones impensadas como el que estamos viviendo.

El mejor camino para lograr organizaciones más humanas implica profundizar en valores tales como la dignidad, el respeto por las diferencias, la armonía, la sensibilidad y la tolerancia hacia sus miembros y equipos, pero también “hacia afuera”.

Esto implica, en primer lugar, respetar las diferencias, tanto entre sus colaboradores como hacia el resto de la sociedad.

Por otro lado, deben ser conscientes de que existe un mundo “más allá del propio mundo”, a la vez que comprender que son actores responsables en sus comunidades directas, y también a nivel global (sobre todo, ante una situación de crisis tan extendida como la actual pandemia).

Finalmente, personas y organizaciones deben ser conscientes de que sus acciones impactan en el mundo que las rodea, adoptando los roles que les caben para proteger nuestro planeta para un futuro sustentable en todo sentido.

Para lograr todo esto a nivel de una organización, es necesario fomentar una cultura de pensamiento crítico, cuestionando suposiciones y siendo flexibles. Estos son, finalmente, los elementos esenciales para asegurar el aprendizaje para mejorar y evolucionar.

Y esto, a su vez, se logra generando confianza, ampliando las perspectivas y desarrollando habilidades prácticas en los miembros de los distintos equipos para comunicarse y colaborar con los demás.

Como se ve, se trata de habilidades que ya venían siendo valoradas antes de esta crisis, pero que sin duda la irrupción del COVID-19 ha potenciado su necesidad. Son capacidades que significan un gran crecimiento para las personas y, por extensión, para las organizaciones que éstas conforman.

Se trata, al fin y al cabo, de que personas, organizaciones y comunidades, puedan convivir de la mejor manera, abrazando las diferencias, y sabiendo que el mundo es más fuerte y mejor gracias a ellas. Esto es lo que llamamos “Inteligencia Cultural”.

Desarrollar estas capacidades permite que las personas incrementen su capacidad de liderazgo. Por extensión, aquellas organizaciones que trabajen en perfeccionarlas estarán más preparadas para ser líderes en su propio ámbito.

Trabajar en este sentido permitirá que todos, organizaciones y personas, estemos más y mejor preparados para el Nuevo Mundo que surja una vez que esta Pandemia se acabe. De esta manera, estaremos más juntos (en todo sentido) y podremos seguir adelante.

*Director Ejecutivo AFS-Programas Interculturales Argentina & Uruguay

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