La digitalización se convirtió en la columna vertebral de las PyMEs. Hoy, vender, cobrar, comunicarse con clientes, administrar proveedores o manejar información sensible ocurre casi exclusivamente en entornos digitales. Esto expuso a las empresas a un riesgo que todavía muchas prefieren minimizar.
La digitalización se convirtió en la columna vertebral de las PyMEs. Hoy, vender, cobrar, comunicarse con clientes, administrar proveedores o manejar información sensible ocurre casi exclusivamente en entornos digitales. Esa transformación impulsó eficiencia, crecimiento y nuevas oportunidades, pero también expuso a las empresas a un riesgo que todavía muchos prefieren minimizar.
El ciberataque dejó de ser un problema exclusivo de grandes corporaciones o bancos internacionales. Se trata de un negocio global, altamente profesionalizado, que se apoya justamente en la masificación de la tecnología. Cuanto más digital es una empresa, más atractiva resulta como objetivo. Y en ese escenario, las PyMEs suelen quedar en una posición especialmente vulnerable.
Existe una falsa sensación de seguridad muy extendida: creer que el tamaño protege. Sin embargo, los atacantes no eligen a sus víctimas por prestigio o facturación, sino por facilidad. Las PyMEs, con estructuras reducidas, recursos limitados y menor madurez en seguridad, representan una puerta de entrada ideal. Además, no todos los ataques buscan un rescate millonario. Muchos persiguen información para revender, accesos para escalar a otras organizaciones o simplemente explotar una debilidad sin un objetivo económico inmediato.
Otro error habitual es pensar que la ciberseguridad se limita a instalar un antivirus, hacer copias de respaldo o contratar servicios en la nube. Estas medidas, por sí solas, están lejos de ofrecer protección real. Los antivirus reaccionan frente a amenazas conocidas, mientras que a diario surgen nuevas variantes. Los backups solo sirven si están correctamente diseñados, aislados y probados. Y la nube, lejos de ser un escudo automático, funciona bajo esquemas de responsabilidad compartida que dejan gran parte del riesgo en manos de la empresa usuaria.
4 tendencias clave para proteger a las organizaciones de ciberataques
La seguridad digital no es una herramienta aislada, sino un sistema que combina tecnología, procesos y personas. Firewalls, autenticación multifactor, soluciones de detección y respuesta, políticas claras y monitoreo continuo son tan importantes como la formación del personal. De hecho, la mayoría de los incidentes graves comienza con un error humano: un correo fraudulento, una contraseña reutilizada, una acción impulsiva. Sin conciencia y capacitación, cualquier inversión técnica queda incompleta.
A menudo se escucha que invertir en ciberseguridad no tiene sentido porque “igual van a atacar”. Es cierto: los ataques son inevitables. Lo que sí es evitable es el impacto devastador que pueden tener. Una empresa preparada puede continuar operando, recuperar información y limitar daños. Una que no lo está, enfrenta interrupciones prolongadas, pérdida de clientes, deterioro reputacional y, en muchos casos, el cierre definitivo. Las estadísticas muestran que una proporción alarmante de PyMEs no logra recuperarse tras un ataque serio. Los datos son abrumadores: El 60% de las PyMEs cierra dentro de los 6 meses posteriores a un ciberataque. La pérdida promedio por ataque de ransomware es de U$S200.000. El 29 % de las empresas argentinas fueron atacadas. Las consecuencias son: sistemas dañados, pérdidas de datos, pérdida de reputación y confianza, y graves multas por incumplimiento
También persiste la idea de que la ciberseguridad es demasiado costosa. Esa percepción responde a un escenario que ya no existe. Hoy hay soluciones escalables, pensadas específicamente para PyMEs, con costos razonables y acordes a su realidad. La pregunta clave no debería ser cuánto cuesta protegerse, sino cuánto cuesta quedar fuera del mercado por no hacerlo.
A este contexto se suma un factor cada vez más relevante: el cumplimiento normativo. Las leyes de protección de datos, tanto locales como internacionales, exigen estándares claros de seguridad, confidencialidad y gestión de la información. Para las PyMEs que buscan crecer, exportar o integrarse a mercados regulados, la ciberseguridad ya es un requisito básico, no una ventaja competitiva opcional.
El riesgo digital no pertenece al futuro: es parte del presente. Pero también lo es la posibilidad de gestionarlo de manera inteligente. Las PyMEs enfrentan hoy una decisión estratégica: asumir la vulnerabilidad como un costo inevitable o incorporar la ciberseguridad como un pilar de su crecimiento. En un entorno cada vez más digital, estar protegido no es un lujo: es la condición para seguir en carrera.
*Socio Fundador y CEO de Platinum Ciberseguridad