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Opinión

06/08/2020

Estilo Fernández: cuando la culpa siempre es del otro

El gobierno nacional, sus funcionarios y Axel Kicillof, entre otros, usan siempre el mismo método: si algo sale mal o se equivocan, la responsabilidad es ajena.
Presidente Alberto Fernández.

“Tenemos una cultura de la culpa muy desarrollada: nos sentimos mal cuando hacemos lo que no debemos (…) El problema es que uno no se puede llevar mal consigo mismo, y por eso tendemos a echar la culpa a los demás», indicó el psicólogo Miguel Ángel Cueto al diario El País de España.

El MIT (Instituto Tecnológico de Massachusett) relacionó el tema de “echarle la culpa a otro” al concepto de la simulación contrafáctica. Es el famoso “what if…” (Y, si…), qué hubiera sucedido con una situación si se hubiese dado de otra forma.

Esto es lo viene pasando con la administración de Alberto Fernández. Tanto el Presidente como sus funcionarios, e incluso el gobernador de la provincia de Buenos Aires, siempre encuentran a otro (en general de los sectores que no actúan o piensan como ellos) para esponsabilizar de sus errores o si las cosas van mal.

Siempre tienen a mano el método del “otroculpismo” cuando los hechos no se dan como ellos quieren.

Vaya como ejemplo algunas de estas actitudes de distintos funcionarios oficialistas. Una excusa fue la herencia recibida; otra la incomprensión de los acreedores externos a las primeras propuestas; los acreedores por comprar activos argentinos; el FMI por prestar más de lo que debía.

Pandemia: los chetos que viajan son responsables de que haya llegado el virus; los runners; la apertura de ciertas actividades en ciudad de Buenos Aires que complican al gobernador de la provincia, Axel Kicillof, en el Conurbano porque allí la gente ve cómo los porteños tienen salidas permitidas (una queja infantil tipo “si no se juega como yo quiero me llevo la pelota”); el foco de contagios es la Capital Federal; la ciudad rechaza los afiliados del PAMI por lo que deben atenderse en la provincia (cuando en realidad el acuerdo con los sanatorios y hospitales los hace el PAMI).

Y la más llamativa: no vamos a estatizar Vicentin porque yo creía que eso era lo que querían (el Presidente responsabilizando a la sociedad por dar marcha atrás con la cerealera).

Y así se podría seguir con la lista.

Pero en el caso que se da en el actual gobierno nacional y en algunas provincias (se nota más en la de Buenos Aires por su peso en cantidad de habitantes, actividad económica y… desde ya, votantes) la simulación contrafáctica se da con un solo factor contrafáctico.

No es que se imaginan múltiples opciones para diversos resultados. Es una opción que deriva en un solo resultado y, si este falla, el responsable es el otro. Sea el gobierno de la ciudad, los acreedores, la oligarquía, Horacio Rodríguez Larreta, los anticuarentena, los que protestan en la calle, Mauricio Macri en París, el coronavirus y siguen las firmas.

El problema radica en ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio. Viga que parece que se puede caer en cualquier momento y derrumbar la casa ya de por sí en ruinas.

Así como el dicho sentencia: “Zapatero a tus zapatos”; sería bueno el de: “Gobernante a tu gobierno”.

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