Las empresas y los empresarios como catalizadores de la movilidad social

Cuál es el rol que tienen las compañías para ayudar a impulsar la movilidad social.

Alberto Patron*

Una de las características que históricamente distinguió a la Argentina fue su clase media: una clase amplia, diversa y vibrante, a la que casi cualquiera podía soñar con acceder. El célebre “M'hijo el dotor” no era solo una frase hecha; representaba una movilidad social real, al alcance de todo aquel que estuviera dispuesto a esforzarse y superarse. No importaba el origen, la fe ni la historia familiar: el sueño de un futuro mejor era alcanzable.

Lamentablemente, eso es lo que fuimos perdiendo en las últimas décadas. Se desdibujó la capacidad de soñar en miles de personas que terminan resignándose a la realidad en la que les tocó nacer. Carecen de un horizonte claro porque, muchas veces, ni siquiera han tenido la oportunidad de imaginar un camino distinto. En paralelo, se deterioró la confianza en la política, en las instituciones y también en la clase empresaria como verdaderos agentes de cambio positivo.

Florecieron prejuicios y estereotipos que solo profundizan la desconfianza: se suele confundir a oportunistas y estafadores que graciosamente se adjudican el mote de empresarios con aquellos hombres y mujeres que arriesgan su capital, su tiempo y su energía en construir valor, innovar y generar empleo genuino. A la vez, se menosprecia la ambición y la capacidad de resiliencia de jóvenes que lo único que necesitan es un estímulo, una oportunidad y una puerta abierta para transformar su historia. Es imperativo cambiar este paradigma: necesitamos volver a soñar, y el sector privado tiene el potencial y la responsabilidad de ser un vehículo extraordinario para que eso suceda.

Pero la movilidad social no se construye solamente con aspiraciones. Necesita oportunidades concretas. Y pocas experiencias son tan transformadoras como el acceso al primer empleo: no solo por el ingreso que genera, sino porque permite descubrir capacidades, incorporar hábitos, construir vínculos y empezar a imaginar un recorrido propio. Muchas veces, una primera oportunidad es justamente eso: el momento en que un futuro que parecía lejano empieza a volverse posible.

¿Qué sabemos hacer los empresarios PyME mejor que nadie? Crear trabajo. La falta de oportunidades laborales dignas es uno de los mayores dramas de nuestro país, golpeando con mayor dureza a la juventud de sectores vulnerables. Es por eso que hace más de diez años decidí sumarme a la Fundación EMPUJAR: para demostrar con hechos que el empresariado puede y debe ser parte de la solución.

A través de Fundación EMPUJAR, los empresarios que integramos la red abrimos las puertas de nuestras compañías, aportamos nuestra experiencia, compartimos redes de contactos y nos convertimos en mentores de chicos que, cuando ven una oportunidad real, la abrazan con un compromiso conmovedor. Se construyen así ecosistemas virtuosos donde convergen empresas, voluntarios e instituciones. Y lo más maravilloso de este proceso es que, mientras ayudás a transformar la vida de los jóvenes, también transformás la tuya y la de tus colaboradores. Los prejuicios se derrumban de inmediato cuando chocan de frente con la esperanza, el esfuerzo y el entusiasmo genuino.

En el Día del Empresario Nacional, me pregunto qué significa serlo hoy en nuestro país. Ser empresario no es solamente crear riqueza: también es crear oportunidades para que otros puedan cambiar su trayectoria de vida.

No podemos cambiar el punto de partida de un joven, pero desde las empresas sí podemos contribuir activamente a que su origen no determine hasta dónde puede llegar.

*CEO Condor Technologies y Vicepresidente de Fundación EMPUJAR

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