Aunque el 74% de los profesionales ya utiliza inteligencia artificial semanalmente, nueve de cada diez consideran que sus organizaciones no están aprovechando todo su potencial. La brecha entre estrategia y ejecución ya impacta en clientes, talento y resultados financieros.
La inteligencia artificial dejó de ser una apuesta de futuro para convertirse en una variable crítica de competitividad. Sin embargo, mientras la adopción de estas herramientas crece entre los profesionales, las organizaciones todavía enfrentan dificultades para traducir ese uso en resultados concretos. Esa brecha de ejecución ya tiene consecuencias económicas, laborales y comerciales. Así lo advierte el informe Future of Professionals 2026, elaborado por la empresa global de tecnología y contenidos Thomson Reuters, a partir de una encuesta realizada a 1.800 profesionales de los sectores jurídico, fiscal, auditoría y gestión de riesgos en distintos mercados.
Según el estudio, hasta US$ 143.000 millones en ingresos vinculados a servicios jurídicos y contables en Estados Unidos podrían quedar bajo revisión por parte de los clientes debido a la falta de capacidades de inteligencia artificial por parte de los proveedores. "Estamos viendo emerger una división clara. Las firmas que están operacionalizando la IA están tomando la delantera. Las que no lo hacen comienzan a asumir riesgos reales en términos de talento, clientes y desempeño financiero", sostuvo Steve Hasker, presidente y CEO de Thomson Reuters.
La trampa IA: las empresas la adoptan, pero muy pocas están preparadas
La adopción avanza, pero el valor no llega
El informe muestra que el uso de IA ya es una realidad cotidiana: el 74% de los profesionales encuestados utiliza herramientas de inteligencia artificial al menos una vez por semana. Sin embargo, el problema no es la adopción sino la capacidad de las organizaciones para integrarla de manera efectiva. El 91% considera que su empresa no está aprovechando plenamente el potencial de estas tecnologías, mientras que el 35% afirma que las ambiciones corporativas en materia de IA no se reflejan en su trabajo diario.
Además, casi uno de cada cinco profesionales asegura que su organización todavía no cuenta con una estrategia clara para implementar inteligencia artificial. Para Thomson Reuters, esta desconexión entre discurso y ejecución comienza a transformarse en un problema de negocio.
El fenómeno de la "Shadow AI"
Una de las principales alertas del informe es el crecimiento de la llamada "Shadow AI", es decir, el uso de herramientas de inteligencia artificial no autorizadas por las compañías. El estudio revela que un tercio de abogados, contadores y especialistas en cumplimiento normativo utiliza plataformas de IA que no fueron aprobadas por sus organizaciones. Entre quienes consideran que sus empleadores avanzan demasiado lento en esta materia, la cifra trepa al 41%.
El fenómeno resulta especialmente sensible en profesiones que trabajan con información confidencial o regulada. El 96% de los encuestados considera indispensable que las herramientas de IA protejan datos sensibles, mientras que el 94% exige contenido confiable y verificado y el 90% reclama resultados transparentes y explicables. A pesar de ello, el 41% asegura no contar con acceso a soluciones profesionales que cumplan esos estándares.
La IA ya genera FOMO entre las empresas
La IA también se convirtió en una herramienta de retención
La competencia por el talento es otro frente donde la inteligencia artificial comienza a tener peso propio. Uno de cada cuatro profesionales afirma que podría abandonar su organización en los próximos dos años si continúa percibiendo una brecha entre las capacidades que ofrece la tecnología disponible en el mercado y las herramientas que pone a disposición su empleador.
La tendencia es aún más significativa entre los usuarios intensivos de IA. El 62% señala que el acceso a herramientas profesionales de inteligencia artificial sería un factor relevante para aceptar una nueva posición laboral. Entre quienes ya utilizan IA regularmente, casi uno de cada tres rechazaría una oferta de trabajo que no incluya este tipo de recursos.
El dato contrasta con la percepción de los líderes empresariales: cerca de la mitad considera que una eventual presión sobre el talento vinculada a la IA recién se hará sentir dentro de tres años o más.
Los clientes elevan la exigencia
La presión no proviene únicamente de los empleados. También los clientes están comenzando a exigir mejoras concretas derivadas del uso de inteligencia artificial. El 78% de los clientes corporativos consultados considera que las mejoras de calidad habilitadas por IA son muy importantes o directamente esenciales. Sin embargo, apenas el 6% cree que la mayoría de sus proveedores ya está ofreciendo esas capacidades.
Como consecuencia, el 32% planea reevaluar sus relaciones comerciales durante los próximos doce meses. Un tercio de ellos pone en juego contratos superiores al millón de dólares anuales. Para Thomson Reuters, la conclusión es clara: la tecnología ya está disponible y el desafío dejó de ser técnico para convertirse en organizacional. "No toda la IA es igual. En profesiones donde existe responsabilidad real, el estándar debe ser mucho más alto", señaló Hasker. "Cuando los resultados influyen en decisiones legales, presentaciones regulatorias o asesoramiento a clientes, 'casi correcto' no es suficiente".
Bajo esa premisa, la compañía impulsa el concepto de "IA de grado fiduciario" (Fiduciary Grade AI), una categoría basada en información confiable, estándares estrictos de privacidad y seguridad, resultados verificables y supervisión humana.
El mensaje del informe es contundente: en la nueva economía impulsada por inteligencia artificial, el riesgo ya no es adoptar la tecnología demasiado rápido, sino quedarse atrás mientras clientes y profesionales avanzan más velozmente que las organizaciones.
RM