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Columnista

15/07/2014

La inflación también se come las monedas

Por Manuel Solanet Han comenzado a aparecer en las vidrieras de supermercados chinos, en kioscos y en comercios chicos, carteles pidiendo monedas y ofreciendo un adicional al monto recibido. Es una clara señal de la falta de monedas para vueltos menores. No todos los clientes aceptan caramelos y menos aún soportarían redondeos hacia arriba.  La […]

monedas

Por Manuel Solanet

Han comenzado a aparecer en las vidrieras de supermercados chinos, en kioscos y en comercios chicos, carteles pidiendo monedas y ofreciendo un adicional al monto recibido. Es una clara señal de la falta de monedas para vueltos menores. No todos los clientes aceptan caramelos y menos aún soportarían redondeos hacia arriba.  La ley dice que si no tiene cambio es el comerciante quien tiene que redondear hacia abajo. Un pago adicional por las monedas recibidas es seguramente menos de lo que le cuesta perder una fracción de la venta.

¿Por qué faltan monedas si la tarjeta SUBE liberó el uso de unas 40 millones de unidades sólo en el Área Metropolitana? Sin duda alguien las retira de circulación. No es el Banco Central ni tampoco los bancos del sistema, que entregan más monedas de las que reciben. Puede haber algún incremento del stock que habitualmente queda en los bolsillos o en las carteras, pero no es significativo. La única explicación es que el valor del metal supere el valor facial de la moneda y entonces éstas se hagan desaparecer en fundidoras.

Sir Thomas Gresham enunció en el siglo XVI la ley que lleva su nombre y que dice que circulando dos monedas de igual denominación, aquella que tenga menor valor intrínseco desplaza en las transacciones corrientes a la de mayor valor. La gente prefiere retener esta última para ahorrar o para fundirla y convertirla en lingotes. Hubo muchas experiencias posteriores a Gresham que comprobaron empíricamente su enunciado.  La inflación o el aumento del precio relativo del metal de acuñación, hicieron desaparecer monedas en muchos países.

Con el precio del cobre actualmente por encima de los 7.000 dólares por tonelada y el del níquel arriba de los 20.000 dólares, conviene fundir nuestras monedas de 25 centavos y menores. La de 50 centavos está muy cerca del límite. Al actual ritmo inflacionario y en el supuesto que el tipo de cambio lo acompañe, veremos algún día desaparecer también las monedas de uno y dos pesos. Así ocurrió históricamente con las monedas acuñadas en la Argentina sin que el Banco Central tuviera que tomarse el trabajo de retirarlas de circulación cada vez que hubo quitas de ceros y reformas monetarias.

El presidente de una empresa consultora internacional, con quien tuve durante varios años una relación profesional, viajaba  asiduamente por el mundo. Acostumbraba a conservar en un sobre las monedas y el cambio chico cuando dejaba un país para tener con que pagar las propinas cuando nuevamente regresara. Estuvo en la Argentina a mediados de los sesenta y volvió a comienzos de los noventa. Lo fui a recibir al aeropuerto. Extrajo su sobre identificado con “Argentina” en el que tenía unas quince monedas de un peso moneda nacional. Unas lindas monedas de aleación níquel cobre de unos ocho gramos cada una, que obviamente no servían para nada. Habían perdido trece ceros. Calculando rápidamente le dije que se necesitarían 1.250.000 toneladas de esas monedas para hacer un dólar para darle al maletero.

En la demonizada década del noventa logramos vivir diez años sin inflación. Hoy la tenemos nuevamente entre nosotros. Sepamos que no solo se come las monedas sino también nuestro futuro.

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Manuel Solanet_chicoManuel Solanet es Ingeniero Civil con estudios de postgrado en Economía. Actualmente es Presidente de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas. Fue Secretario de Hacienda de la Nación y Secretario para la Modernización del Estado. Es además Director de Políticas Públicas de la Fundación Libertad y Progreso.