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Columnista

05/02/2016

El viento de frente externo complica

La inestabilidad de la economía mundial y la volatilidad de los mercados financieros globales han sido el foco de atención en los últimos meses: el desplome del precio del petróleo, la desaceleración de la economía china, la suba de tasas de la Reserva Federal (banco central de Estados Unidos) son los protagonistas de la escena […]

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La inestabilidad de la economía mundial y la volatilidad de los mercados financieros globales han sido el foco de atención en los últimos meses: el desplome del precio del petróleo, la desaceleración de la economía china, la suba de tasas de la Reserva Federal (banco central de Estados Unidos) son los protagonistas de la escena mundial.

El deterioro del contexto internacional impacta en la región e incluso en la estrategia del gobierno argentino para minimizar el impacto del necesario reordenamiento macroeconómico que está llevando a cabo. Conseguir financiamiento en el mercado de capitales y atraer inversiones extranjera directa ayudaría a moderar la contracción del nivel de actividad.

El acceso al mercado de deuda externo permitiría fortalecer el alicaído stock de reservas internacionales, para mantener estabilizado el mercado cambiario. Parte del financiamiento permitiría cubrir el déficit fiscal moderando la asistencia del BCRA al Tesoro Nacional.

La celeridad de la reactivación en la economía argentina depende en gran medida de lo que suceda con la inversión en la segunda parte del año. Si bien hay ahorros internos (dólares) que pueden canalizarse al sistema productivo, la apuesta reactivadora incluye a la Inversión Extranjera Directa (IED) y al financiamiento externo para modernización de infraestructura.

Pero las favorables señales emitidas por el gobierno argentino pueden perderse en un contexto en que los inversores extranjeros buscan proteger sus activos y se vuelven reacios a invertir en los mercados emergentes (efecto “flight to quality”). Sumado a esto, el aumento en las tasas de interés en Estados Unidos comienza lentamente a elevar el costo de endeudamiento.

De hecho, el deterioro de contexto internacional ya ha interferido en los planes del Ejecutivo. En un intento por colocar deuda, el viento de frente que significó la caída generalizada de los mercados internacionales conspiró contra la licitación del BONAR 2020 y el canje de BONAR X por BONAR 2020. La primera operación mencionada fue declarada desierta para no convalidar una tasa de interés elevada, y en la segunda el monto canjeado quedó por debajo de las expectativas (sólo 6% del valor circulante).

Múltiples frentes en la escena internacional

La elevada volatilidad de las cotizaciones de los activos en los mercados financieros responde a las dificultades que está enfrentando la economía mundial. Entre ellas destacan: la abrupta caída en el precio del petróleo, el menor crecimiento de la economía china y apreciación mundial del dólar.

En primer lugar, el desplome del petróleo es uno de los elementos que genera volatilidad en la economía mundial. Si bien una baja del precio internacional puede ayudar al crecimiento mundial (acelera el crecimiento de muchos países importadores), el desplome observado desde fines de 2014 ha generado problemas en países productores y en las firmas del sector.

El desplome del precio se da por una conjunción de factores específicos: cambio del accionar de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), que concentran un 40% de la producción mundial y más del 80% de las reservas de crudo, el incremento de la producción en países que no integran la OPEP, gracias a la aparición de nuevas técnicas de extracción debido a importantes avances tecnológicos (Shale Oil & Gas, aguas profundas, etc) frente a una demanda mundial que crece a menor ritmo.

A mediados de 2014 la OPEP comenzó a ignorar el límite de producción del cártel de 30 millones de barriles diarios (impuesto desde 2011), y las mejoras sustanciales en la tecnología de fracking generaron un despegue en la producción de Estados Unidos. Además hubo un fuerte crecimiento de la producción de otros países como Rusia, Canadá y Brasil (no pertenecientes a la OPEP). El menor ritmo de crecimiento mundial (particularmente de China) termina de explicar la sobre-oferta de 1,5 millones de barriles por día (bpd) existente.

El reciente acuerdo nuclear y el levantamiento de las sanciones a Irán (que limitaba su exportación de petróleo) profundizaron los problemas existentes al agregar producción por 500.000 bpd, llevando los precios del crudo a menos de 30 US$ el barril. Vale destacar que Arabia Saudita, quien mayor poder posee dentro de la OPEP, alentó el desplome del precio para desplazar del mercado a los productores de crudo con mayores costos.

La caída de la rentabilidad de las empresas petroleras ha paralizado nuevas inversiones en el sector, pero no la producción que lentamente comienza a moderar su crecimiento.

Otro factor clave que explica el deterior del contexto internacional es lo que sucede en el gigante asiático. En 2015, China creció sólo 6,9%, el menor ritmo de expansión en 25 años. A su vez, las perspectivas futuras no son alentadoras: el FMI estima que el crecimiento chino continuará en desaceleración (+6,3% en 2016 y +6% en 2017). Más aún, las cifras oficiales publicadas del país asiático son observadas con escepticismo: según estimaciones privadas el crecimiento del año pasado fue incluso inferior al comunicado.

En un intento por apuntalar la expansión del PBI, las autoridades del país oriental comenzaron a adoptar medidas para generar un cambio estructural en su economía. En primer lugar, están virando el motor de crecimiento de la economía china de la inversión al consumo. En este sentido, están tratando de impulsar la demanda (dada la sobreproducción y excesos de capacidad en la industria) a través de estímulos al consumo privado y mayor gasto público. Por otra parte, el fin de la política de “hijo único” en 2015 se propone recomponer una fuerza laboral decreciente.

A la desaceleración de la economía china se le suma la inestabilidad financiera que evidencia su mercado de capitales. Pese a numerosas medidas para frenar la ruptura de la burbuja accionaria, la Bolsa de Shanghái se derrumbó 23% en lo que va del año. Esto arrastró a las principales bolsas del mundo: S&P (-7%; Nueva York), FTSE (-5%; Londres) y DAX (-11%; Frankfurt).

Finalmente, en diciembre del año pasado la Reserva Federal (Fed) subió las tasas de interés por primera vez luego de la última crisis internacional. Las Fed Funds, que fluctuaban en un rango de 0-0,25% pasaron a ubicarse entre 0,25-0,5%. La postergada suba se dio en un contexto de solidez en el mercado laboral estadounidense y menores riesgos de deflación. Pese a lo acotado del incremento, la apreciación mundial del dólar se consolida en un mundo donde el Banco Central Europeo y Japón aplican políticas monetarias expansivas.

La reciente inestabilidad en los mercados financieros y el debilitamiento de las exportaciones de Estados Unidos, puso en duda el ritmo de ajuste de tasas de la Fed. Se esperaban cuatro incrementos de 25 puntos básicos en la tasa de referencia a lo largo de 2016, pero si la FED aplica un esquema más gradual, la apreciación mundial del dólar podría atenuarse.

De todas formas, si el contexto externo continúa en franco deterioro, es probable que las autoridades argentinas tengan que replantear su estrategia. El menor precio del crudo complica a empresas energéticas y los países exportadores, la desaceleración de la economía china impacta en los precios de las commodities, la apreciación mundial del dólar genera presiones cambiarias adicionales en las economías emergentes, y las turbulencias financieras reducen las chances de conseguir financiamiento externo a tasas acotadas.

Un camino a recorrer con viento de frente

El gobierno de Macri ha desplegado una batería de medidas para mejorar los incentivos a hundir capital en el país: acceder al crédito de Organismos Internacionales (a tasas bajas y plazos largos) para llevar adelante un ambicioso plan de infraestructura; remover trabas internas que afectan la normal operatoria de las empresas (cepo cambiario); establecer reglas claras para el sector privado; recomponer la rentabilidad de sectores claves (agroindustria); canalizar el ahorro de los argentinos al sistema productivo; recomponer lazos con el mundo para abrir mercados y atraer inversiones (asistir al foro de Davos, acercarse a la OECD y a USA, y permitir al FMI la revisión de la economía argentina); y solucionar definitivamente el conflicto con los holdouts.

Sin embargo, el deterioro del contexto financiero internacional atenta contra los esfuerzos realizados por el gobierno argentino para captar inversiones y financiamiento externo. A esto se le suma la crisis de nuestro principal socio comercial (Brasil).