Las enseñanzas que nos dejó Scaloni sin proponérselo
El técnico de la Selección Argentina transmite valores que exceden los futbolístico. Es un líder que no está explicado en los libros.
Es un día hermosamente soleado en Nueva York. El bullicio característico de esta ciudad acapara las calles, mientras miles de personas con camisetas argentinas van subiéndose a medios de transporte rumbo al aeropuerto y así volver a sus hogares en Argentina.
Mientras tanto, en Buenos Aires el día está gris y llueve. Las lágrimas del equipo y los hinchas que ayer estuvimos en el Met Stadium llegaron hasta allí.
Parece ser un fin de ciclo. El de Messi, seguramente. El de Scaloni, tal vez.
Lo vivido en estos días en Estados Unidos fue algo único, irrepetible, maravilloso, doloroso. Físicamente quedamos extenuados, porque el estadio lo llenamos tres horas antes de que comenzara el partido, y nos quedamos hasta dos horas después para agradecerle a los jugadores. Y siempre de pie. Todos de pie.
Emocionalmente estamos quebrados. En la cancha vi gente muy mayor llorando, familias enteras abrazándose, niños tapándose la cara con la camiseta de argentina. El dolor estuvo presente. Y todavía está presente.
Sin embargo, algo cambió. Para siempre. Y el único responsable de eso se llama Lionel Scaloni.
Sin proponérselo, sin buscarlo ni intentarlo, su actual paso como director técnico de la Selección Argentina ha dejado aprendizajes para nosotros como adultos, y también para los más chicos. Enseñanzas que ponen al deporte a un costado porque se centran en valores para la vida.
Primera. Que ante la adversidad siempre hay que seguir. Hasta el final. Siempre. No importa cuán difícil o imposible se vea la situación. Hay que seguir. Dejándolo todo. “Hasta que el árbitro no pita el final, no se termina el partido pa”, me dijo mi hija Nina de 7 años. No se lo enseñé yo, se lo enseñó Scaloni.
Segunda. Que se puede perder y hay que seguir adelante. “¿Y si perdemos? Estaremos tristes, pero el lunes hay que seguir”, dijo -palabra más, palabra menos- Scaloni antes de la final. Y perdimos. Y hoy es lunes, y seguimos. Tristes, quebrados; pero seguimos.
Tercera. Que el equipo está por encima de todo. Aunque pareciera que este Mundial fue Messi, Messi y Messi; Scaloni siempre nos recordó que para que Messi pueda hacer lo que hizo en estos ocho partidos que disputó casi en su totalidad (menos el de Jordania), con dos extra tiempos, a sus 39 años, hay todo un equipo detrás de él. La vida es en equipo. Siempre. Nada se consigue solo. Incluso, el mejor de todos los tiempos tampoco puede solo. Y quedó demostrado. Siempre se necesita un equipo para triunfar en la vida. En mi caso (y perdonen la autoreferencia) mi equipo está formado por mi familia (con una madre que me apoyó desde siempre en mi amor por el fútbol, y una mujer que bancó mis locuras para que pueda hacer este viaje).
Cuarta. Que llorar está bien. Scaloni lloró cuando salimos campeones del mundo en Qatar 2022; y lloró ayer al terminar (se tuvo que ir) de la conferencia de prensa. Llorar hace bien. Llorar está bien.
Quinta. Que la derrota dignifica tanto como la victoria. Cuando el árbitro sloveno terminó el partido y España se coronó campeona, los jugadores argentinos se derrumbaron en el piso. Fueron tres o cuatro minutos de silencio. Hasta que se volvió a cantar con ellos. Para ellos. De las tribunas, hacia ellos. Luego de recibir sus medallas, se acercaron donde yo estaba, detrás de ese arco, y se quedaron mirando, y llorando (mucho), cómo los miles que estábamos frente a ellos, que les agradecíamos por esta historia que nos hicieron vivir. Y habían perdido una final del mundo. ¿Y? Estaban dignamente parados, dolidos, pero con la cabeza arriba. Y los hinchas, a los que se nos acusa muchas veces de exitistas, cantamos “Que de la mano, de Lio Messi”; “Scalooooni, Scalooooni”; “Vamos vamos Selección…”. Y el llanto era cada vez más fuerte en los jugadores y nosotros.
Sexta. Que ser un líder es dejar hacer. Hay muchos tipos de liderazgo. Libros enteros sobre las diferentes formas de liderazgo, cada una bien explicada con miles de características. Quizá sea hora de agregar un tipo de liderazgo nuevo. “Scalonismo”. “Scalonetismo”. “Lionelismo”. Después definimos el título. Pero este liderazgo tiene, además de las características que compartí arriba sobre las enseñanzas, una que la diferencia de todas: el de dejar sentir para dejar hacer. Cuti sintió que tenía que ir a jugar de 9, y fue. Messi sintió que tenía que ir de 7, y fue. En la final Otamendi sintió que tenía que parase entre los centrales, y fue. Cuando muchos jugadores, en muchos partidos, toman decisiones individuales por lo que ven y sienten en un partido, es porque saben que están respaldados por su lider. Que pueden acertar o equivocarse, pero que el respaldo está. Y Scaloni demostró que es un lider que siente y deja sentir, y que a partir de ese “dejar sentir”, deja actuar.
Seguramente habrá más enseñanzas que iremos aprendiendo a medida que vaya transcurriendo el tiempo y podamos asimilar lo que fue esta etapa de la Selección con Messi y Scaloni.
Por mi parte, como periodista, y también como padre, esos seis aprendizajes los estoy compartiendo con mis hijas.
Gracias Scaloni por enseñarnos lo que no te habías propuesto.
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