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Economía Mundial: los negocios invisibles que se juegan fuera de la cancha

Más allá de las entradas, los viajes y los sponsors globales, el torneo activa una enorme red de consumos, servicios y oportunidades que atraviesan industrias enteras.

Economia y Mundial Foto: Cedoc

Cada vez que el árbitro da el pitido que marca el final de un Mundial activa al mismo tiempo una maquinaria económica gigantesca que se extenderá durante los siguientes cuatro años. Porque el principal encuentro de fútbol del mundo no se limita al tiempo que dura el torneo ni a la FIFA, las marcas deportivas o los derechos de televisión.

Cuando se habla del “negocio del Mundial”, normalmente aparecen las cifras más visibles: entradas, merchandising oficial, derechos de televisación o patrocinadores globales. Sólo en venta de tickets, se calcula que la FIFA embolsará US$15.000 millones durante este torneo, según un cálculo realizado por el profesor emérito de Economía Richard Sheehan. Sin embargo, el ecosistema que se activa es mucho más amplio y está compuesto por industrias, comercios y actividades que muchas veces pasan desapercibidas, pero que experimentan un fuerte crecimiento cuando se vinculan con el torneo.

El turismo, por ejemplo. Hoteles, aerolíneas, alquileres temporarios, gastronomía, transporte urbano y actividades recreativas registran picos de demanda en las ciudades sede. Pero incluso en los países que no organizan el torneo aparecen efectos indirectos: bares que adaptan sus propuestas para transmitir partidos, restaurantes que amplían horarios, agencias de viaje que venden paquetes temáticos o plataformas de streaming que capitalizan el aumento del consumo audiovisual.

El retail es otro segmento que encuentra en el Mundial una oportunidad comercial enorme. La venta de televisores, proyectores, equipos de sonido, celulares y dispositivos conectados crece de manera significativa en la previa del torneo. Para muchas cadenas de electrodomésticos, de hecho, los meses mundialistas representan uno de los períodos más importantes del calendario comercial. A eso se suma la demanda de indumentaria deportiva, camisetas, decoración temática y productos vinculados con reuniones sociales y consumo en el hogar. Según datos de Tiendanube, las órdenes con productos asociados al torneo de fútbol crecieron 114% durante el primer día y medio del Hot Sale de 2026, en comparación con un inicio de semana regular.

Algo similar ocurre con la industria publicitaria. Las marcas aumentan su inversión para aprovechar uno de los momentos de mayor atención colectiva del planeta. Desde sponsors oficiales hasta campañas digitales, activaciones en vía pública, influencers, street marketing y promociones en puntos de venta, el Mundial funciona como una interminable vidriera global donde prácticamente todas las empresas buscan participar de alguna manera.

Entre negocios oficiales y extraoficiales

La competencia por la atención transforma las estrategias de comunicación. Algunas compañías invierten millones para asociarse oficialmente con el torneo o con determinadas selecciones, mientras otras apuestan por campañas creativas capaces de insertarse en la conversación sin necesidad de ser sponsors formales. En muchos casos, las campañas más recordadas ni siquiera pertenecen a patrocinadores oficiales, sino a marcas que logran interpretar el clima cultural del momento.

Incluso aparecen microeconomías inesperadas. Reventa de figuritas, creación de contenido en redes sociales, impresión de merchandising personalizado, alquiler de pantallas gigantes para eventos, producción audiovisual, decoración de locales gastronómicos o venta informal en espacios públicos forman parte de una economía paralela que se juega al mismo tiempo que el torneo.

Por otra parte, se modifican hábitos de consumo cotidianos. Cambian horarios comerciales, aumenta el delivery durante los partidos, crece el consumo de snacks y bebidas, se reorganizan reuniones sociales y hasta algunas empresas adaptan dinámicas laborales para convivir con los horarios de los encuentros más importantes.

El Mundial, a todas luces, es mucho más que un evento deportivo. Es un fenómeno cultural que moviliza cadenas productivas completas, acelera consumos y genera tantas oportunidades comerciales que somos incapaces de verlas todas, aún cuando nos ayude el VAR.

*Director de las carreras de Comercialización de la Universidad de Belgrano

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