Cuáles son los desafíos para la nueva forma de compra y pago que ya está entre nosotros impulsada por la IA.
Mercado Libre, Tiendanube, Visa y Mastercard comenzaron a pilotar en Argentina compras donde un agente de inteligencia artificial puede iniciar y completar un pago de punta a punta. El comercio agéntico dejó de ser un concepto de laboratorio: hoy corre en pilotos reales, con tarjetas tokenizadas y billeteras que delegan en un asistente la tarea de comparar precios, aplicar promociones y cerrar la compra.
Detrás de cada uno de esos pilotos hay una pregunta que importa más que la conversación con el chatbot: ¿cómo confía el sistema en que el agente que está pagando realmente representa a la persona que dijo “comprá esto”? La arquitectura que está surgiendo en Visa, Mastercard y otros proveedores de pago sigue un patrón común: tokenización de los datos de pago, políticas programables que limitan qué, dónde y hasta cuánto puede gastar el agente, y verificación de identidad en cada paso.
Ese mismo problema —delegar operaciones financieras en un agente sin ceder el control sobre el dinero— es el que la industria de activos digitales lleva más de una década resolviendo para las instituciones. La custodia regulada de activos digitales funciona sobre los mismos tres pilares: claves privadas protegidas y nunca expuestas, controles de firma múltiple que exigen aprobaciones antes de mover un fondo, y políticas programables que definen exactamente qué puede y qué no puede ejecutar una operación automatizada. Es, en esencia, el mismo mandato que hoy discuten los pilotos de pagos agénticos, aplicado a un activo distinto.
La convergencia entre ambos mundos ya empezó. Visa lanzó su Tokenized Asset Platform y tarjetas vinculadas a stablecoins. Mastercard se asoció con Circle para habilitar liquidaciones en stablecoins y creó Crypto Credential para transferencias on-chain seguras. El volumen mensual de liquidación en stablecoins supera hoy el billón de dólares, un nivel que ya rivaliza con el de las redes de tarjetas tradicionales. Y bajo marcos regulatorios como la GENIUS Act en Estados Unidos o MiCA en la Unión Europea, bancos y fintechs pueden emitir y custodiar estos instrumentos dentro de un perímetro regulado.
Para Argentina, que según el ranking de adopción cripto de TRM se ubica entre los primeros veinte mercados del mundo, esto no es una discusión abstracta. Cuando el comercio agéntico avance del riel de tarjeta hacia stablecoins y otros rieles de pago on-chain —una transición ya en marcha—, la pregunta sobre quién custodia esas claves y bajo qué controles va a ser tan relevante como lo es hoy para los bancos y fintechs que evalúan ofrecer stablecoins o trading a sus clientes.
La lección para el ecosistema financiero de la región es concreta: la inteligencia artificial puede decidir qué comprar, pero no debería tener control irrestricto del dinero usado para comprarlo. Esa función necesita infraestructura regulada, auditable y con controles de aprobación humana en el momento en que se define el mandato. Bancos, fintechs y comercios que empiecen a construir esa capa de confianza —con tarjetas tokenizadas o con activos digitales— van a estar mejor preparados para lo que viene: una economía donde los agentes pagan, pero las personas siguen controlando el dinero.
*Head of LatAm en BitGo