Fintechs en LATAM: sostenibilidad en la era de la posdisrupción

Qué impacto tiene que el más reciente estudio de Latam Intersect PR revela que las empresas de tecnología financiera de la región están migrando de la adquisición agresiva de usuarios hacia un modelo que denominamos "Trust as a Service", donde la credibilidad es lo diferenciador.

Roger Darashah*

Lo que comenzó como una carrera frenética por disrumpir a los bancos tradicionales y bancarizar a millones de personas durante la pandemia ha evolucionado hacia algo más maduro, más exigente y, en última instancia, más prometedor: la era de la sostenibilidad como activo estratégico.

El relato de "disrupting the dinosaurs" ha caducado. Las fintechs latinoamericanas de 2026 compiten por demostrar quiénes son realmente sostenibles. Después del pico de financiamiento de capital de riesgo en 2021 y el fin de la era del "capital barato", los inversionistas han dejado de celebrar la adquisición masiva de usuarios para exigir lo que hoy se llama "Serie P": rentabilidad. No es casualidad que en 2025 el financiamiento en etapas tardías haya aumentado un 176% en la región, concentrado casi exclusivamente en compañías capaces de demostrar sus métricas unitarias.

El más reciente estudio de Latam Intersect PR revela que las empresas de tecnología financiera de la región están migrando de la adquisición agresiva de usuarios hacia un modelo que denominamos "Trust as a Service" (TaaS): la credibilidad como producto diferenciador. Y no es una tendencia marginal — es una redefinición estructural del sector. Los consumidores latinoamericanos ya no buscan simplemente una tarjeta de débito digital. Demandan "copilotos financieros" capaces de ofrecerles orientación proactiva impulsada por inteligencia artificial. Sin embargo, existe una paradoja que las fintechs deben resolver: el 62% de los usuarios está abierto a utilizar asistentes financieros con IA, pero el 85% sigue prefiriendo hablar con un ser humano cuando se trata de asuntos críticos como el fraude o las disputas. La tecnología avanza más rápido que la certeza del usuario.

En una región donde los ataques de phishing impulsados por IA son un 40% más altos que el promedio global, el verdadero diferenciador competitivo ya no es el producto; es la narrativa. Las fintechs que logren posicionarse como socios confiables, con transparencia algorítmica y seguridad digital como ejes de comunicación, serán las que determinen si una empresa es vista como líder de la industria o como un proveedor intercambiable y sin identidad propia. Hay un segundo cambio igualmente relevante: la innovación ha dejado de ser sinónimo de nuevas funcionalidades para convertirse en sinónimo de soluciones reales a problemas cotidianos.

El caso de las stablecoins lo ilustra mejor que ningún otro. Lo que comenzó como un activo especulativo para entusiastas del cripto se ha convertido en una herramienta esencial para millones de latinoamericanos que buscan protección contra la inflación y remesas instantáneas. No fue una estrategia impuesta desde arriba — fue una adopción orgánica, desde las bases. En Argentina, las stablecoins ya representan más del 60% de las transacciones en criptomonedas. La fintech que supo escuchar a su usuario ganó el mercado. Las fintechs que prosperarán son las que validan cómo sus usuarios ya están resolviendo problemas reales, y las convierten en soluciones confiables y escalables. Así es como una fintech deja de ser una aplicación y se convierte en infraestructura técnica de la región.

Las cifras por país revelan una región con necesidades claras y específicas. En México, el 75% de los usuarios quiere que su banco le ofrezca asesoramiento proactivo en inversiones, y el 70% de los nuevos empleos fintech provendrán de soluciones B2B y B2B2C. En Brasil, el consumidor promedio tiene seis cuentas financieras diferentes, lo que ha generado una "fatiga del multibancario" que representa tanto un riesgo como una oportunidad: el 66% de los brasileños exige orientación financiera proactiva.

En el caso de Chile, los consumidores están bancarizados pero subatendidos: tienen cuenta de débito, pero otros productos de inversión siguen concentrados en los segmentos de mayores ingresos. La necesidad dominante no es acceso sino profundización financiera con equidad, especialmente para mujeres, jóvenes y clases medias que el sistema formal aún no atiende bien. Mientras tanto, en Perú, solo 4 de cada 10 peruanos acceden al sistema financiero formal. La situación es que el consumidor peruano no desconfía del dinero, desconfía de las instituciones, y mientras esa brecha no se cierre con productos pertinentes y presencia territorial, la inclusión seguirá siendo estadística más que realidad cotidiana.

Finalmente, en Colombia, el 73% de los usuarios busca guía financiera dentro de sus aplicaciones y el Open Finance ya es una realidad de base, con el foco puesto en la infraestructura para pymes. El cuadro regional es igualmente revelador: la tenencia de cuentas en Latinoamérica y el Caribe saltó del 54% en 2017 al 73% en 2021, el mayor incremento de cualquier región en desarrollo del mundo. La inclusión financiera fue el logro y la próxima frontera es la sostenibilidad financiera.

La pregunta que deben hacerse hoy los líderes del sector fintech es "¿por qué deberían confiar en nosotros?" La respuesta a esa pregunta — construida desde la comunicación estratégica, la transparencia y la propuesta de valor real para el usuario — es lo que separará a las fintechs que liderarán la próxima década de las que simplemente desaparecerán en el ruido de un mercado cada vez más saturado.

La era de la posdisrupción no es una amenaza para el ecosistema fintech latinoamericano. Es su mayor oportunidad.

*Socio y cofundador de LatAm Intersect

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