Nacido desde la experiencia en obra y no desde el escritorio, Estudio CLA+ consolidó un modelo que integra proyecto, construcción y seguimiento directo de cada vivienda. Fundado por Leandro y Ariel tras coincidir en una obra industrial de gran escala, el estudio hoy busca diferenciarse en uno de los polos residenciales más dinámicos del sur del Gran Buenos Aires con una propuesta llave en mano, foco territorial y casas pensadas para crecer con sus dueños.
En arquitectura hay estudios que nacen del diseño. Y hay otros que nacen del barro, de la obra, del ritmo de los tiempos constructivos y de la necesidad de resolver. Estudio CLA+ pertenece a esa segunda categoría.
La historia arranca con Leandro, arquitecto formado en la UBA, cuya relación con la construcción comenzó mucho antes de recibirse. Desde chico vio en su casa el impacto concreto que puede tener una reforma bien pensada: espacios que cambian, funciones que mejoran, ambientes que se resignifican. Esa intuición temprana lo llevó a estudiar arquitectura, pero también a entender desde el inicio que el oficio tiene dos lenguajes inseparables: el del proyecto y el de la ejecución.
Mientras todavía cursaba, empezó a trabajar en una empresa constructora enfocada exclusivamente en obra. Ahí se formó en el costado menos glamoroso, pero más decisivo, de la profesión: materiales, tiempos, secuencia técnica, resolución en campo. Esa base terminó siendo central en la identidad del estudio que vendría después.

El otro socio, Ariel, llegó al mundo de la construcción desde un camino menos lineal, pero igual de intenso. Aunque siempre quiso estudiar arquitectura, su recorrido profesional lo llevó primero por el ámbito corporativo y luego por la venta de materiales para la construcción, una experiencia que le dio un conocimiento técnico poco habitual: aprendió desde cómo se diseña un baño hasta cómo se fabrica un porcelanato o cuáles son las diferencias entre distintos sistemas y terminaciones. Más adelante cursó la carrera de técnico en construcción y dio un giro definitivo cuando dejó su trabajo formal para sumarse a una oportunidad en obra.
El punto de encuentro entre ambos fue una termoeléctrica en Ezeiza-Cañuelas. Allí trabajaron en un esquema de alta exigencia, con múltiples frentes abiertos y una escala operativa que los obligó a tomar decisiones rápidas, coordinar equipos y entender que, en construcción, la diferencia muchas veces está en quién controla realmente lo que pasa en el terreno.
Al principio, el estudio estuvo enfocado casi por completo en construcción. Refacciones, arreglos, calles, movimiento de suelo y obras más duras formaron parte del primer ADN de la marca. El diseño vino después, cuando empezaron a meterse de lleno en la construcción de casas desde cero. Ahí apareció una oportunidad de reposicionamiento: transformar una firma nacida en la obra en un estudio capaz de integrar anteproyecto, proyecto, gestión y construcción bajo una misma lógica.
Hoy esa integración es justamente uno de sus principales argumentos comerciales.
Según describen sus propias redes, CLA+ trabaja con una idea concreta: convertir ideas en planos y planos en vida real. También comunican una propuesta donde el diseño contemporáneo, la funcionalidad, la luz natural y el vínculo con el paisaje aparecen como parte de una misma experiencia residencial. En sus publicaciones recientes muestran avances de obras en barrios de San Vicente y Canning, piezas audiovisuales sobre el detrás de escena del inicio de una casa y un posicionamiento claro dentro del segmento llave en mano.

Ese diferencial se entiende mejor en el territorio donde operan. El mayor volumen de trabajo del estudio está hoy en el corredor Canning-San Vicente, aunque también mantienen presencia en barrios de Capital Federal como Villa Devoto, Villa del Parque, Villa Pueyrredón, Versailles y Villa Real. Pero es en el sur donde construyeron su marca y donde encontraron una demanda creciente: familias que dejan el departamento o el dúplex para pasar a su primera casa.
Ahí aparece un cambio cultural que el estudio supo leer. La vivienda unifamiliar dejó de ser solo una aspiración estética para convertirse en una decisión de calidad de vida. En zonas como Canning y San Vicente, esa demanda creció al calor del desarrollo urbano del corredor verde, un fenómeno que también explica por qué Expo Canning volvió a instalarse como uno de los espacios más representativos para el negocio de la arquitectura, la construcción y el urbanismo en la zona. La organización de la exposición define a Canning como el mayor polo de desarrollo urbano del sur de Buenos Aires y la presenta como la principal vidriera de ese crecimiento. El estudio participó allí como expositor en 2025.
Pero construir en esa región no significa solo interpretar un deseo aspiracional. También supone entender sus limitaciones. Los cortes de luz, la falta de gas natural en algunos barrios, la ausencia de cloacas en otros y la calidad del agua son parte del ecosistema real con el que conviven propietarios y desarrolladores.
Por eso, en cada vivienda contemplan desde la etapa inicial soluciones asociadas a respaldo energético, posibles generadores, paneles solares, biodigestores y sistemas de tratamiento de agua. No se trata solo de diseñar una casa linda, sino de pensar una casa que funcione bien en el lugar donde se implanta.

Esa adaptación técnica se complementa con una premisa de diseño simple pero decisiva: no hay dos familias iguales, por lo tanto no debería haber dos casas iguales. Para Privitera, el punto de partida de todo proyecto es entender cómo vive esa familia, cuántos la integran, qué rutinas tienen, qué esperan de los espacios y cómo se relacionan con la luz, la intimidad y los sectores comunes. La arquitectura, en ese marco, deja de ser un ejercicio de estilo para convertirse en una traducción de hábitos.
Ese enfoque se ve tanto en el trabajo proyectual como en el servicio. CLA+ estructura su oferta en varias etapas: anteproyecto, proyecto ejecutivo, presentación en barrio y municipio, y luego construcción. La lógica es integral, y el valor agregado, según explican, no está solo en cubrir todas esas instancias, sino en que los socios siguen involucrados de forma directa en la obra.
Ahí aparece otro diferencial frente a estudios más grandes o más tradicionales: el cliente no conversa con una cadena de intermediarios. Habla con quienes proyectan y con quienes supervisan.
Para Ariel y Privitera, ese punto es clave. Sostienen que gran parte de los conflictos entre clientes y arquitectos aparecen cuando la obra queda tercerizada en exceso, cuando quien firma no está, o cuando las decisiones cotidianas las toman otros. En su caso, reivindican la presencialidad en obra como parte del servicio y casi como una declaración de principios: ellos vienen de la construcción y prefieren seguir estando ahí.
En términos de mercado, el estudio también empezó a leer una nueva sensibilidad: la necesidad de construir con mayor flexibilidad presupuestaria. En un contexto donde no todas las familias pueden avanzar de una vez con la casa completa, CLA+ comenzó a trabajar en un formato de viviendas pensadas para crecer por etapas.
La idea no es improvisar ampliaciones futuras, sino proyectar desde el inicio una casa integral que pueda ejecutarse en módulos: una primera etapa habitable y funcional, seguida por expansiones ya previstas dentro del diseño original. Es, en algún sentido, una actualización contemporánea de la vieja lógica de la casa que crece, pero con un criterio arquitectónico que evita deformaciones, pasillos inútiles o agregados forzados.
Ese formato busca responder a una tensión muy concreta del mercado residencial actual: cómo no quedar afuera del proyecto de la casa propia cuando el presupuesto no alcanza para todo desde el día uno.
En un contexto donde proliferan alternativas como containers o prefabricadas, el estudio mantiene una posición clara: pueden ser soluciones válidas en determinados casos, pero la construcción tradicional sigue ofreciendo mayores posibilidades en diseño, confort térmico, escalabilidad y adaptación al modo de vida de cada usuario. No niegan la tendencia, pero sí subrayan sus límites.
Al mirar hacia adelante, el objetivo del estudio no parece estar atado a una estética única sino a una forma de operar: diseño con respaldo técnico, ejecución controlada y una relación más directa con el cliente. En un mercado donde muchas veces la promesa queda del lado del render, el estudio intenta construir una marca desde otro lugar: el de la trazabilidad entre lo que se dibuja y lo que finalmente se entrega.
En sus redes lo sintetizan con una frase simple: “haciendo realidad lo imaginado”. Detrás del slogan, lo que aparece es algo más concreto: un estudio que entendió que, en el negocio de la arquitectura residencial, el verdadero diferencial no siempre está en firmar más obras, sino en controlar mejor cada una.
Además, el estudio apuesta por su comunicación digital, donde lanzó “Antes de la casa”, un reality en el que muestran, a través de una serie de videos, el proceso de evolución en la construcción. Para verlo, se puede acceder a su cuenta de Instagram @claarquitectura.