Iván Espósito, CEO de Suzano Argentina, una de las mayores productoras de celulosa del mundo, habla con Fortuna sobre cómo cambió el negocio del papel y el giro hacia el packaging y las exportaciones. "Operar en Argentina siempre tiene la particularidad de tener que despejar la variable local de las tendencias globales", afirma.
La industria papelera global atraviesa un punto de inflexión histórico. El avance de la digitalización erosionó segmentos tradicionales como el gráfico y el editorial, obligando a los grandes jugadores a adaptar sus estrategias de producción hacia los nuevos hábitos de consumo, con el e-commerce y la sustentabilidad como puntas de lanza. En el centro de esta reconversión se encuentra Suzano, una de las mayores productoras mundiales de celulosa y un gigante indiscutido en la fabricación de papel en América Latina.
Con una historia centenaria y operaciones industriales que abarcan América, Europa y Asia, la compañía emplea a más de 40.000 personas en el mundo y cotiza tanto en la bolsa de Brasil como en la de Nueva York. Según sus datos, llegan a más de 2.000 millones de personas, lo que representa cerca del 25% de la población mundial.
En la Argentina, donde la empresa tiene presencia ininterrumpida desde 1977, y opera integrada a la matriz desde 1994, el desafío es doble. Al cambio de paradigma global se le suma la normalización macroeconómica local, que ha transformado abruptamente las reglas del juego competitivo.
Para Iván Espósito, CEO de Suzano Argentina, el diagnóstico que hace en su charla con Fortuna es claro: "Operar en Argentina siempre tiene la particularidad de tener que despejar la variable local de las tendencias globales. La industria en general está viviendo un proceso de transformación en cuanto al uso del papel. Es un material muy noble, biodegradable y reciclable; por eso estamos confiados en que seguirá teniendo un peso específico enorme frente a otros insumos como el plástico, que enfrenta muchos más desafíos".
Del diario en la puerta a la caja de e-commerce
El cambio en la demanda es irreversible y los números lo reflejan. La tradicional postal del diario impreso y los pesados libros académicos cedieron su lugar a las pantallas. "Hace 15 años, aproximadamente entre el 35% y el 40% del mercado era papel prensa. Hoy está por debajo del 10%. Todos recibíamos el diario en la puerta y ahora todo es digital", cuenta Espósito.
Para compensar esta caída, que ronda un ritmo global del 2% al 3% anual en el segmento de impresión y escritura, los gigantes del sector están migrando el último tramo de sus líneas de producción hacia papeles para packaging. El crecimiento del comercio electrónico, sumado al potencial exportador argentino en diversos productos, requiere soluciones de embalaje cada vez más sofisticadas.
A la par, el mercado exige innovación. Suzano ya se encuentra desarrollando tecnologías incipientes, como barreras antigrasa basadas en derivados de papel para envases de snacks o potes de productos lácteos. "Todo esto apunta a la sustentabilidad. Las grandes empresas de consumo masivo tienen agendas globales de sustitución de plástico. Y aunque hoy un envase de papel puede costar el doble que uno de plástico en términos de grandes números, ese es indefectiblemente el camino a cinco o diez años", asegura el ejecutivo.
El fenómeno argentino del "Tissue"
Dentro del abanico de productos, el segmento tissue merece un capítulo aparte. Suzano, líder en papel higiénico en Brasil, observa en Argentina una dinámica de consumo particular. La tasa de consumo anual a nivel local del papel de cocina es de unos 8 a 9 kilos por habitante, superando holgadamente los 5 o 6 kilos de su vecino país. El motor de este fenómeno es el rollo de cocina. Espósito detalla la radiografía de las góndolas argentinas: "Si tomamos un 100% del segmento tissue en Argentina, el 60% es papel higiénico y el 25% es rollo de cocina. En Brasil, el rollo de cocina representa menos del 10%. En Argentina pasó de estar en la cocina a estar en la mesa, luego a usarse para limpiar vidrios, y de ahí a tener un rollo siempre en el auto. Es un mercado con un potencial enorme".
Inversiones intensivas y barreras de entrada
El negocio de la celulosa es, por definición, capital intensivo y de largo aliento. La barrera de entrada para nuevos competidores es altísima, comenzando por el tiempo que dicta la propia naturaleza. Por un lado, para ser una empresa sustentable es clave respetar el tiempo de crecimiento de un árbol, que en latitudes como las de América latina se calculan, en promedio, en siete años. De esta manera, se evita la deforestación. Por otro lado, dado el tiempo desde que se planta el árbol, la inversión en capital que hay que hacer y luego la venta del producto final, el retorno de inversión en esta industria es realmente largo, ya que supera los 8 o 9 años.
"Básicamente, el núcleo productivo son máquinas gigantes con cilindros de 40 metros de ancho, que procesan agua y pulpa, y una logística inmensa que debe ser ultraeficiente. Esa tecnología pesada no ha cambiado desde 1950. Lo que sí cambia es el final de la cadena: la versatilidad de los herramentales para ir mutando de gramajes y anchos según lo que demanda el nuevo consumidor", explica el CEO. Además, subraya que las papeleras exitosas hoy son aquellas con integración vertical: forestación propia, proximidad de la planta y rutas logísticas optimizadas. incluyendo trenes y puertos exclusivos, como posee Suzano en Brasil.
Competencia global
El panorama global exige eficiencia ante el avance de competidores asiáticos, pero en Argentina, la coyuntura aceleró drásticamente esta necesidad. La apertura comercial y la devaluación que unificó precios relativos terminó con una etapa de distorsiones que había transformado a la industria en un negocio más financiero que productivo.
"En épocas de restricciones, una tonelada de cartulina —el principal insumo para envases de medicamentos o alimentos— llegó a estar en Argentina entre 5.000 y 6.000 dólares. Hoy está en 1.200 o 1.400 dólares, que es su precio histórico a nivel global", confiesa Espósito.
Esta regularización del mercado impone un nuevo paradigma puertas adentro de las empresas. "Bienvenida la competitividad. Durante años, el día a día llevaba a los empresarios a enfocarse más en conseguir inventarios o lidiar con el comercio exterior, pagando sobrecostos administrativos que se trasladaban al precio final. Hoy, la oferta externa es real y nos obliga a mirar cada línea de costos para ver dónde se puede eficientizar", analiza el directivo.
Para Suzano, con costos comparables a nivel internacional y una estructura sumamente integrada, el impacto de esta transición es mucho más asimilable que para productores locales no integrados. Lejos de la incertidumbre extrema del pasado reciente, el CEO concluye con un mensaje de horizonte: "En Argentina intentar mirar a más de tres meses era una locura. Hoy uno puede estar mirando al 2027 dentro de un rango de escenarios manejables. La aceleración del cambio no es para cualquiera, pero irremediablemente va a terminar pasando. Hay que prepararse para ese futuro".