FOBO: el miedo a quedar obsoleto en la era de la Alta Tecnología

Hay un miedo que empieza a aparecer detrás de muchas conversaciones sobre Ciberseguridad, Computación Cuántica e Inteligencia Artificial, y del que todavía hablamos poco: el miedo a quedar obsoleto.

Alberto Padin

FOBO, por sus siglas en inglés Fear of Becoming Obsolete, describe algo bastante más profundo que el temor a perder un puesto de trabajo. Es la sensación de que aquello que sabemos hacer, la experiencia que acumulamos durante años o incluso la forma en la que construimos nuestra carrera puede dejar de tener valor frente a una tecnología que evoluciona a una velocidad difícil de seguir.

Y lo interesante es que este miedo no pertenece solamente a quienes están dando sus primeros pasos en el mundo laboral. También alcanza a profesionales experimentados, gerentes y, por supuesto, a quienes toman las decisiones dentro de las organizaciones.

La Alta Tecnología, entre ellas la Ciberseguridad, la Computación Cuántica y la Inteligencia Artificial están cambiando la pregunta.

Durante mucho tiempo, el desafío para las empresas fue no quedarse afuera de la transformación tecnológica. Había que adoptar nuevas herramientas, incorporar capacidades y acelerar los procesos para no perder competitividad.

Hoy aparece una preocupación diferente: ¿qué pasa si aquello que durante años nos hizo valiosos deja de ser suficiente?

El problema no es solamente perder el trabajo

Cuando hablamos de automatización solemos reducir la discusión a una pregunta muy concreta: qué puestos van a desaparecer.

Pero esa pregunta es insuficiente.

La transformación que trae la Alta Tecnología no necesariamente elimina profesiones completas. En muchos casos, modifica las tareas que las componen, cambia las habilidades necesarias y redefine dónde está el verdadero valor de una persona.

Un profesional puede seguir ocupando el mismo puesto dentro de cinco años y, sin embargo, estar haciendo un trabajo completamente diferente.

Ahí aparece el verdadero FOBO.

El miedo no es únicamente “las herramientas de Ciberseguridad lo hacen solas”, “la Computación Cuántica reemplazará a la tradicional” o “la IA puede hacer mi trabajo”. Es también “¿mi experiencia seguirá siendo relevante?”, “¿mis conocimientos tendrán el mismo valor?” o “¿qué voy a aportar cuando una máquina o una app pueda hacer una parte importante de lo que hago hoy?”.

Y esas preguntas son mucho más difíciles de responder.

El FOBO también es un problema de las empresas

Una organización puede invertir millones en IA, y en Cuántica o en Ciberseguridad y, al mismo tiempo, generar una enorme resistencia interna si las personas sienten que esa transformación amenaza su lugar dentro de la compañía.

Cuando las implementaciones tecnológicas se comunican exclusivamente como herramientas para reducir costos, aumentar productividad o hacer más con menos, es lógico que aparezca incertidumbre.

El problema es que una persona que tiene miedo de quedar obsoleta no necesariamente se comporta como una persona dispuesta a aprender.

Puede esconder sus dificultades. Puede evitar preguntar. Puede aferrarse a procesos conocidos. Puede compartir menos conocimiento. Puede intentar demostrar que sigue siendo indispensable en lugar de explorar nuevas maneras de aportar valor.

Y eso es exactamente lo contrario de lo que una transformación tecnológica necesita.

La Alta Tecnología requiere organizaciones capaces de experimentar, equivocarse, aprender y cambiar. El miedo produce comportamientos defensivos.

Por eso el FOBO no debería ser entendido solamente como un problema individual o de recursos humanos. Es también un desafío de gestión.

La respuesta no puede ser simplemente “aprendé”

En los últimos meses se repitió una idea: “no vas a ser reemplazado por la Tecnología, sino por alguien que sepa utilizarla”.

Aunque tiene algo de verdad, creo que es una simplificación peligrosa.

Porque si la respuesta frente al miedo es simplemente aprender a utilizar una nueva herramienta, estamos trasladando toda la responsabilidad al individuo.

La pregunta que deberíamos hacernos como empresas es otra: ¿cómo estamos rediseñando el trabajo?

Por ejemplo: la incorporación de inteligencia artificial debería obligarnos a identificar qué tareas pueden automatizarse, cuáles pueden aumentarse con tecnología y cuáles requieren todavía algo que una máquina no puede aportar de la misma manera: criterio, contexto, responsabilidad, creatividad, empatía, capacidad de negociación y comprensión del negocio.

La tecnología puede procesar información. La responsabilidad de decidir qué hacer con esa información sigue siendo humana.

El desafío de los líderes

Para quienes conducimos organizaciones, el desafío no es solamente incorporar inteligencia artificial. También es generar las condiciones para que las personas puedan atravesar ese cambio sin sentir que su experiencia se convirtió, de un día para otro, en un problema.

Eso requiere comunicación, capacitación y, sobre todo, una visión clara.

Si una compañía incorpora Tecnología sin explicar qué problema quiere resolver, qué procesos van a cambiar y qué nuevas capacidades serán necesarias, deja un vacío. Y ese vacío rápidamente se llena de especulaciones.

En cambio, cuando las personas entienden hacia dónde va la organización y pueden participar de la transformación, la tecnología deja de percibirse únicamente como una amenaza.

Pasa a ser una herramienta para ampliar capacidades.

No se trata de competir contra la máquina

Quizás una de las mayores equivocaciones sea plantear el futuro como una competencia entre personas y máquinas.

La verdadera competencia será entre organizaciones capaces de combinar correctamente ambas capacidades y aquellas que no lo logren.

La Tecnología de punta puede hacer que una persona sea mucho más productiva, pero no elimina la necesidad de entender el negocio. Puede acelerar una decisión, pero no necesariamente asumir sus consecuencias. Puede generar una respuesta, pero no reemplaza automáticamente el criterio para determinar si esa respuesta es correcta.

Por eso, frente al FOBO, la respuesta no debería ser prometer que nada va a cambiar.

Todo va a cambiar.

La respuesta debería ser preparar a las personas y a las organizaciones para que puedan cambiar con eso.

El profesional que hoy tiene experiencia en una determinada tarea quizás mañana tenga que dedicar menos tiempo a ejecutarla y más tiempo a supervisarla, interpretarla, mejorarla o tomar decisiones sobre ella.

Eso no significa que su experiencia haya perdido valor.

Significa que el lugar donde esa experiencia genera valor está cambiando.

Y quizás esa sea la verdadera discusión que tenemos que empezar a dar sobre los avances tecnológico: no cómo evitar que las personas queden obsoletas, sino cómo lograr que sus capacidades evolucionen al mismo ritmo que la tecnología.

Porque el mayor riesgo no es que la Tecnología vuelva obsoletas a las personas.

El mayor riesgo es que, por miedo a quedar obsoletas, las organizaciones no les permitan evolucionar.

*CEO de Platinum Ciberseguridad

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