Fortalecer la gestión de los/las directores/as de escuela y garantizar la asistencia de los estudiantes son dos prioridades que hoy encuentran un sólido respaldo en los datos
En un país donde el debate público se ha acostumbrado a hablar de crisis educativa, los resultados de las pruebas Aprender 2025 para sexto grado de primaria ofrecen un panorama de claroscuros. Por un lado, vuelven a encender las alarmas sobre la situación de Matemática; por el otro, aportan una señal alentadora en Lengua. Entre 2023 y 2025, la proporción de estudiantes que alcanzó niveles satisfactorios o avanzados aumentó 10,5 puntos porcentuales, hasta llegar a casi ocho de cada diez alumnos. Es un dato que merece ser destacado porque muestra que mejorar es posible.
Sin embargo, esa mejora debe analizarse con cautela. Dos mediciones consecutivas no alcanzan para afirmar que el sistema ha iniciado un proceso sostenido de recuperación. Lo que realmente importa es la tendencia de largo plazo. La propia historia de Aprender en Lengua invita a la prudencia: tras una mejora en 2018, los resultados cayeron de manera significativa en 2021 —en un contexto atravesado por la pandemia— y volvieron a descender en 2023. Un análisis adicional llegará con los resultados del estudio regional ERCE, de la UNESCO, también aplicado en 2025, que permitirá no solamente analizar tendencias sino también comparar el desempeño argentino con el de otros países de América Latina. Esa evidencia será clave para confirmar si estamos frente a un cambio de tendencia o ante una recuperación todavía incipiente.
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A la necesidad de prudencia temporal se suma la urgencia de mirar nuestra profunda desigualdad territorial. Un promedio nacional alentador suele esconder un mapa escolar donde el lugar de nacimiento sigue condicionando las oportunidades. El informe refleja una buena noticia: la mejora en Lengua se dio en todas las jurisdicciones y fue más intensa en aquellas que partían de situaciones más rezagadas, lo que provocó una leve reducción de las brechas históricas. Sin embargo, las distancias siguen siendo enormes: mientras distritos como la Ciudad Autónoma de Buenos Aires o Córdoba superan holgadamente el 80% de estudiantes con buenos niveles en Lengua, provincias como Chaco, Santiago del Estero y Tucumán continúan concentrando los desempeños más bajos en ambas áreas de conocimiento.
Pero Aprender no solo ofrece un diagnóstico sobre los aprendizajes y sus brechas geográficas. También aporta evidencia sobre las condiciones que favorecen —o dificultan— que esos aprendizajes ocurran. Y allí aparecen algunas prioridades que deberían ocupar un lugar central en la agenda educativa
Una de ellas es la estabilidad de los equipos directivos. El informe muestra que el 68% de los estudiantes asiste a escuelas donde el/la director/a lleva cinco años o menos en el cargo. Al mismo tiempo, evidencia que la permanencia de los equipos directivos se asocia con mejores resultados de aprendizaje. La brecha alcanza 24 puntos de calificación en Matemática y 19 en Lengua entre los estudiantes que concurren a escuelas con equipos directivos más estables y aquellos cuyos establecimientos presentan una mayor rotación, una diferencia que se mantiene incluso al considerar distintos niveles socioeconómicos.
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El otro factor determinante es la asistencia sostenida a clases. El informe vuelve a confirmar algo que la evidencia internacional viene señalando desde hace tiempo: no hay aprendizaje posible sin presencia en la escuela. La diferencia de desempeño promedio entre establecimientos donde el ausentismo no es percibido como un problema por los equipos directivos y aquellos donde es considerado grave alcanza los 42 puntos en Lengua, una distancia difícil de compensar mediante cualquier otra intervención pedagógica
La evaluación Aprender 2025 ofrece una señal alentadora, pero no constituye por sí solo un cambio de tendencia. Y su valor no reside únicamente en medir aprendizajes, sino que también aporta información para orientar mejores políticas públicas. Fortalecer la gestión de los/las directores/as de escuela y garantizar la asistencia de los estudiantes son dos prioridades que hoy encuentran un sólido respaldo en los datos. Sabemos que en educación no existen soluciones únicas ni "balas de plata": las mejoras sostenibles requieren políticas integrales y estructurales. Pero la evidencia que aporta Aprender también muestra que esas políticas difícilmente puedan prescindir de estos dos componentes si aspiran a consolidar mejoras duraderas
*Gerenta de la Fundación Instituto Natura Argentina