Tecnología, poder y dignidad humana: el mensaje de León XIV que busca poner límites a la inteligencia artificial

La encíclica Magnifica Humanitas abrió un nuevo frente de discusión sobre el avance de la inteligencia artificial, la concentración de datos y el poder de las grandes tecnológicas. Para la especialista en gobernanza tecnológica Liliana Molina Soljan, la humanidad enfrenta una decisión histórica: construir una IA al servicio de las personas o quedar subordinada a los algoritmos.

Redacción Fortuna

La irrupción de la inteligencia artificial ya no es únicamente una cuestión tecnológica. Su impacto atraviesa la economía, la política, el trabajo, la democracia y hasta la manera en que las sociedades se organizan. En ese contexto, la reciente encíclica Magnifica Humanitas del papa León XIV busca instalar una discusión que trasciende el ámbito técnico y coloca en el centro una pregunta esencial: ¿quién controla realmente la tecnología y con qué fines?

Para la abogada y especialista en inteligencia artificial Liliana Molina Soljan, el documento representa una de las intervenciones más relevantes que ha realizado la Iglesia sobre los desafíos del siglo XXI. Según explica, la encíclica denuncia los excesos del paradigma tecnológico actual y propone un marco moral para el desarrollo de sistemas de inteligencia artificial, en un escenario marcado por la concentración de poder en pocas corporaciones globales.

"La tecnología no es neutral. Adopta el rostro de quienes la diseñan, financian, regulan y utilizan", sostiene la especialista. Desde esa perspectiva, la encíclica advierte sobre riesgos concretos como la concentración de datos, el incremento de las desigualdades, el impacto ambiental de los sistemas de IA y la posibilidad de que estas herramientas terminen condicionando aspectos fundamentales de la vida social.

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El documento papal plantea que la humanidad atraviesa un momento decisivo. Para Molina Soljan, la metáfora utilizada por León XIV es contundente: la elección entre la Torre de Babel, símbolo de la búsqueda desmedida de eficiencia y poder, y Jerusalén, representación de los vínculos humanos, la solidaridad y la paz. "Estamos definiendo si avanzaremos hacia una inteligencia artificial antropocéntrica, centrada en las personas, o hacia modelos donde el ser humano termine adaptándose a la lógica de las máquinas", afirma.

La discusión también alcanza a la gobernanza tecnológica. ¿Quién debe controlar la inteligencia artificial? ¿Los Estados, las empresas o los organismos internacionales? Para la especialista, la respuesta aún está abierta y depende de las distintas culturas regulatorias que existen en el mundo. Mientras la Unión Europea avanza con marcos normativos robustos para la protección de datos y la regulación de algoritmos, otros países todavía se encuentran en etapas preliminares.

En Argentina, asegura, la actualización de la legislación sobre datos personales es una deuda pendiente. "Los datos son el petróleo del siglo XXI. Quien controla los datos controla el poder", señala. Por eso considera indispensable que cualquier implementación de inteligencia artificial sea sometida previamente a evaluaciones de impacto, mecanismos de auditoría y supervisión humana permanente.

La preocupación no es meramente teórica. Molina Soljan advierte que una inteligencia artificial mal gobernada puede afectar procesos democráticos, manipular comportamientos sociales y generar sistemas de decisión cada vez más opacos. "Una región que adopta tecnología pero no gobierna los datos que la alimentan corre el riesgo de entregar su futuro a intereses ajenos. Los datos no son simples insumos técnicos; son una forma de interpretar la realidad y construir el futuro", explica.

Uno de los puntos más enfáticos de Magnifica Humanitas es la defensa de la dignidad humana frente a la automatización creciente. El texto rechaza la idea de que las personas puedan reducirse a información procesable o a simples patrones de comportamiento analizables por algoritmos.

En este sentido, la especialista insiste en que la intervención humana debe mantenerse como un principio innegociable. "Las decisiones automatizadas sin supervisión humana son riesgosas. El concepto de human in the loop debe seguir vigente porque la centralidad de la persona no puede ser desplazada por promesas de eficiencia o crecimiento económico", sostiene.

La encíclica también cuestiona las corrientes transhumanistas que promueven la mejora del ser humano mediante la tecnología. Frente a este debate, Molina Soljan considera que los límites éticos no pueden quedar exclusivamente en manos de la industria tecnológica. "La frontera entre innovación y dignidad humana debe definirse a partir de los derechos digitales, la gobernanza ética, la transparencia, la trazabilidad y la no discriminación", afirma.

Más allá de las posiciones religiosas, la especialista destaca el valor institucional de que organismos con autoridad moral participen de la discusión sobre inteligencia artificial. En un escenario donde la velocidad de la innovación supera a la capacidad regulatoria de los Estados, considera que actores como la Iglesia, las Naciones Unidas o la UNESCO pueden contribuir a orientar el debate público y a construir consensos mínimos.

"La discusión sobre inteligencia artificial no es solamente tecnológica. Es política, democrática, jurídica y filosófica. Lo que está en juego es qué tipo de sociedad queremos construir y bajo qué reglas vamos a administrar el poder tecnológico", señala.

Para Molina Soljan, el mensaje de León XIV funciona como una advertencia y, al mismo tiempo, como una convocatoria a la acción. La presencia reciente de referentes de los principales laboratorios de inteligencia artificial en el Vaticano refleja, según su mirada, que incluso quienes lideran estos desarrollos reconocen la necesidad de establecer límites externos y marcos éticos sólidos.

En definitiva, concluye, la discusión sobre inteligencia artificial ya no gira únicamente alrededor de la innovación. También involucra cuestiones de soberanía, derechos humanos y democracia. "El protagonista de la historia sigue siendo el ser humano. El desafío consiste en construir una inteligencia artificial que fortalezca esa condición y no que la sustituya".

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