Cimarrón Wines, la bodega que desafía al mercado del vino con una apuesta única

En lugar de perseguir volumen, Cimarrón Wines Co apuesta por partidas limitadas y un seguimiento minucioso de cada botella. La bodega trabaja bajo una premisa: hacer menos, pero hacerlo diferente.

Redacción Fortuna

Cimarrón Wines Co eligió deliberadamente jugar a otra escala. La bodega comandada por Lucca Stradella, cuarta generación de una familia vinculada a la vitivinicultura, produce partidas de menos de 10.000 botellas por etiqueta, salvo en ocasiones especiales. No se trata solamente de una cuestión de tamaño. Para Stradella, producir en pequeñas cantidades es parte de la identidad del proyecto: cada vino debe responder a un lugar, una cosecha y una expresión particular.

La premisa es sencilla: la bodega no parte de una cantidad determinada de botellas para después adaptar el vino a ese objetivo, sino que define cuánto embotellar a partir de la materia prima disponible y de lo que cada cosecha merece. “No buscamos hacer una cantidad determinada de botellas. Buscamos hacer el vino que queremos hacer, y la cantidad termina siendo una consecuencia de eso”, explica Stradella, fundador y enólogo de Cimarrón Wines Co.

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La apuesta por las partidas limitadas

La decisión de trabajar a menor escala tiene una consecuencia directa sobre el proceso de elaboración. La bodega puede realizar un seguimiento más detallado de cada partida, desde la selección de las uvas hasta la vinificación y la crianza. El objetivo es evitar que el proceso quede condicionado por la necesidad de sostener un volumen uniforme. La cantidad de botellas puede variar de una cosecha a otra, porque el punto de partida es la expresión de la uva y no una meta de producción predeterminada.

En ese sentido, las partidas limitadas funcionan también como una declaración de principios: menos volumen, más control y mayor espacio para que cada vino conserve sus características propias. La propuesta de Cimarrón Wines Co se construye sobre dos terroirs mendocinos: San Rafael y Gualtallary, en el Valle de Uco. Dos zonas con perfiles diferentes que forman parte central de la identidad de la bodega.

La experiencia de Stradella, desarrollada tanto en Argentina como en Estados Unidos, desembocó en un proyecto propio con dos líneas: La Contienda y Entre Gallos y Medianoche.

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La Contienda, dos terroirs y cuatro etiquetas

La Contienda busca mostrar la personalidad de los dos territorios mendocinos donde trabaja la bodega. La colección cuenta además con etiquetas diseñadas por el artista Osvaldo Chiavazza. La línea está integrada por La Contienda Malbec Gualtallary, La Contienda Malbec San Rafael, La Contienda Cabernet Franc y La Contienda Nebbiolo. Aunque cada varietal tiene un perfil propio, las etiquetas comparten una característica: son elaboradas bajo la lógica de las partidas limitadas.

La estrategia permite que el concepto de terroir no quede solamente como una referencia en la etiqueta. San Rafael y Gualtallary forman parte de la construcción de estilos diferentes dentro del mismo proyecto, con una producción que busca preservar esas particularidades.

La otra línea de la bodega es Entre Gallos y Medianoche, un corte Malbec-Malbec que combina uvas provenientes de San Rafael y Gualtallary, en el Valle de Uco. La propuesta parte de la unión de dos regiones que habitualmente se presentan por separado. El resultado busca representar esa combinación de territorios y convertirla en una característica distintiva del vino.

Además, la etiqueta incorpora componentes tecnológicos poco habituales dentro de la categoría. Cada botella permite acceder a un NFT coleccionable mediante el código QR ubicado en la contraetiqueta.

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Una bodega que no busca gustarle a todos

Más allá de las etiquetas y de las innovaciones tecnológicas, la apuesta de Cimarrón Wines Co está vinculada con una tendencia que atraviesa distintos segmentos del mercado: la búsqueda de productos con mayor identidad y menor estandarización.

En el caso de la bodega, esa decisión se traduce en una escala de producción acotada y en una elaboración que prioriza las particularidades de cada partida. Detrás de cada botella, la lógica es que haya una suma de decisiones sobre la uva, el lugar y la cosecha. El resultado puede no ser exactamente igual año tras año, pero esa variación forma parte del concepto.

“Hacer menos” no aparece entonces como una limitación productiva, sino como una estrategia. Para Cimarrón, producir menos botellas permite concentrarse en el vino y sostener una identidad propia antes que perseguir una escala determinada.

En un negocio históricamente asociado al volumen, la bodega de Stradella eligió una premisa diferente: no producir todo lo que puede, sino producir aquello que considera que vale la pena embotellar.

RM