Alice Damasceno, directora de Ciudadanía Corporativa y Comunicación ESG para América Latina en Lenovo, cuenta cómo estos criterios impactan en su operación diaria y cómo están gestionando los cambios que trae consigo la IA con las personas. El objetivo de emisiones cero.
El concepto de Responsabilidad Social Empresaria (RSE), concebido hace décadas como un apéndice filantrópico de las compañías, ha quedado atrás. Hoy, los criterios Ambientales, Sociales y de Gobernanza (ESG, por sus siglas en inglés) atraviesan la estrategia central de los negocios. Pasar de las declaraciones de buenas intenciones a los resultados concretos y medibles es el verdadero desafío del sector corporativo, especialmente en una industria tecnológica que demanda un uso intensivo de energía y recursos, y mucho más ahora con el advenimiento de la Inteligencia Artificial.
Lenovo, uno de los gigantes globales en la fabricación de computadoras y smartphones, ha trazado una hoja de ruta en este sentido. Según su reciente informe ESG del año fiscal 2025/26, la empresa ratificó su ambición de alcanzar cero emisiones netas de gases de efecto invernadero para 2050, con un objetivo intermedio para 2030: reducir a la mitad sus emisiones de alcance 1 y 2, y en un 30% las de alcance 3. Estas metas no son meras proyecciones, están validadas por la iniciativa Science Based Targets (SBTi), convirtiendo a la firma en el primer fabricante de su sector en lograr esta aprobación.
Para profundizar sobre cómo la compañía integra estos criterios en su operación diaria, el impacto disruptivo de la inteligencia artificial y cómo debe gestionarse este cambio con las personas, y el rol de las empresas en la formación de talento, Fortuna dialogó con Alice Damasceno, directora de Ciudadanía Corporativa y Comunicación ESG de Lenovo.
Fortuna: Hace unos 20 o 25 años, en la agenda corporativa se hablaba de Responsabilidad Social Empresaria (RSE) casi como un apéndice filantrópico. Hoy, el concepto ESG es mucho más amplio y es parte del negocio. ¿Cómo analiza esta transformación y su integración en la estrategia de las empresas?
Damasceno: Yo creo que este cambio es parte de un proceso de maduración. Las empresas comprendieron que no se puede simplemente vender algo, sino que lo que se vende es para personas, que hay que estar preocupado por qué va a pasar con el medio ambiente y la sociedad. A lo largo de los años, el sector corporativo fue entendiendo que todos tenemos un rol en el desarrollo. Si no tomamos las medidas necesarias hoy, quizá en el futuro no tengamos clientes, no tengamos gente sana, o directamente no tengamos un planeta donde poder hacer negocios. Algunas empresas tomaron la decisión de empezar a hablar de ESG como una moda hace un par de años, pero en Lenovo el proceso viene de largo plazo: nuestro primer informe de sostenibilidad es del año 2007. Para trazar una línea de tiempo: en 2009 nos adherimos al Pacto Global de las Naciones Unidas, en 2010 establecimos nuestras primeras metas climáticas, y en 2015 comenzamos a trabajar con la Science Based Target Initiative (SBTi), un grupo global que mide con base científica qué pueden hacer las empresas para reducir sus emisiones. En 2018 lanzamos la Fundación Lenovo, que lidero para Latinoamérica, organizando los esfuerzos filantrópicos que ya traía Motorola. Ya en 2020 formamos un comité ejecutivo de supervisión de ESG para alinear todas las áreas, en 2021 creamos el ecosistema Lenovo 360 Circle con nuestros partners, y en 2023 nos convertimos en el primer fabricante de PCs y smartphones en tener nuestras metas Net Zero validadas por SBTi para 2050.
Fortuna: Justamente, acaban de lanzar el informe ESG 2025/26. ¿Qué implica operativamente pasar de los anuncios a la ejecución de esas metas de emisiones cero, especialmente para lograr los objetivos de 2030?
Damasceno: En este último reporte ya no solo mostramos la primera generación de KPIs, sino que fijamos las nuevas metas mirando hacia adelante. En la parte ambiental (la "E"), el compromiso es llegar a 2050 con el 90% de las emisiones de alcance 1, 2 y 3 reducidas, y compensar el 10% restante. El primer gran escalón es 2030: en un poco más de cuatro años, debemos reducir a la mitad nuestras emisiones directas y operativas (alcance 1 y 2), y reducir en un 30% las de alcance 3. Y aquí radica el mayor desafío: el alcance 3 es el más difícil porque involucra a toda nuestra cadena de valor y sale, en parte, de nuestras manos. En el momento en que te vendo un celular o un equipo, la responsabilidad pasa a estar compartida con el consumidor. ¿Cómo garantizo que, cuando cambies ese equipo, sea reciclado de manera correcta? Ese es el mayor reto para todos los fabricantes hoy.
Fortuna: El consumo energético para el procesamiento de datos está en el centro del debate por la Inteligencia Artificial. ¿Cómo están trabajando desde el diseño y la manufactura para que la innovación no atente contra estas metas ambientales?
Damasceno: La respuesta de Lenovo es clara: innovación para la sostenibilidad. Un ejemplo que me emociona muchísimo es el sistema Neptune. Hoy, los servidores que procesan un volumen increíble de datos son enormes, levantan altísimas temperaturas y requieren salas acondicionadas que consumen muchísima energía. Nosotros desarrollamos un sistema de refrigeración donde un caño de agua fría pasa directamente a lo largo de las placas de los servidores, bajando la temperatura de forma simple pero increíblemente eficiente. Esta es una de nuestras principales respuestas frente al altísimo consumo que requiere la inversión en Inteligencia Artificial. En manufactura, desde 2017 implementamos un sistema de soldadura a baja temperatura que desarrollamos en China, el cual requiere mucha menos energía y cuya patente abrimos para quien quiera utilizarla. Además, en nuestras plantas hemos implementado el programa ESG Navigator. A través de dispositivos de Internet de las Cosas (IoT), captamos datos de luz, temperatura y consumo de agua, y creamos un "gemelo digital" de la planta en el entorno virtual impulsado por IA. Esto nos permite hacer infinitos escenarios de prueba para optimizar recursos. Gracias a estos avances, hoy en Lenovo utilizamos un 90% de toda nuestra energía a nivel global proveniente de fuentes renovables.
Fortuna: En una corporación global, deben adaptar estas directrices a infraestructuras y economías muy disímiles. ¿Cómo gestionan esta logística de bajo carbono en América Latina?
Damasceno: Lo que intentamos hacer es aprovechar nuestra mirada global para identificar las mejores prácticas y ver cuáles son transferibles. Un caso muy claro es la movilidad eléctrica. En Brasil empezamos a utilizar vehículos eléctricos para logística porque la matriz energética del país es muy limpia. Cuando quisimos llevar esa operación a México para reducir nuestra huella de carbono, el reto era que no teníamos dónde cargar los camiones, y la infraestructura nacional estaba un poco más atrasada. La solución fue realizar una inversión propia en paneles solares en México destinada exactamente a cargar nuestra flota y establecer un planeamiento logístico estricto de rutas. Donde el contexto nos permite, empujamos la innovación.
Fortuna: Si analizamos el contexto particular de la Argentina frente al resto de la región, ¿en qué indicadores ESG nota un mayor grado de avance y dónde residen los principales déficits estructurales?
Damasceno: La Argentina es un país muy adelantado en la dimensión social, especialmente en lo que respecta a la gente. Sin tener ninguna obligación legal que imponga cupos, es el país donde tenemos casi el 50% de mujeres, no solo en la plantilla general, sino en posiciones de liderazgo. En otros lados esto a veces se percibe como forzado, pero acá es algo orgánico y natural. Recientemente fuimos elegidos como la séptima mejor empresa para trabajar para mujeres por Great Place to Work (en la categoría de 100 a 250 empleados). También tenemos una gran inserción de personas con discapacidad sin necesitar el empuje de una ley, como sí ocurre en Brasil. Por otro lado, lo que me decepciona y donde veo un atraso es en el aspecto regulatorio ambiental. En Argentina no hay leyes de responsabilidad extendida del fabricante para el descarte de residuos electrónicos. En Brasil, México o Colombia, la ley dicta que la responsabilidad final del equipo es de las compañías. Allá tenemos puntos de recolección masivos en shoppings y correos. Acá hacemos esfuerzos puntuales, pero al no haber un empuje claro del gobierno ni leyes estrictas, es mucho más difícil generalizar el reciclaje de tecnología.
Fortuna: Hoy el mayor desafío del management transversal a todas las industrias es la IA. Hay miedo al reemplazo laboral y debates sobre su gobernanza. ¿Cómo gestionan este cambio de paradigma tanto internamente como en su impacto social?
Damasceno: Al principio, todos sentíamos el miedo de que la IA me va a reemplazar, era un pensamiento de "la IA o yo". Hoy hemos transitado hacia el paradigma de "la IA y yo". Para aprovechar su potencia, hay que educar. Internamente, desde el CEO global que nos envía correos contando cómo usa la IA, hasta reuniones semanales con mis equipos donde compartimos casos prácticos de uso, buscamos que la gente pierda el miedo y gane productividad. Hacia afuera, el impacto es enorme. Junto a Ashoka creamos la "Comunidad IA" para emprendedores sociales en Latinoamérica, mostrándoles cómo esta tecnología puede ser un multiplicador increíble de su impacto. Sin embargo, el reto gigante de la sociedad es cómo llevamos la IA a la educación formal de manera responsable. Al igual que pasó con internet, no queremos dejar a las nuevas generaciones atrás, pero la IA debe ser segura, ética y responsable. Hoy estamos en pleno debate de regulaciones con Europa, Estados Unidos y China compitiendo. Desde Lenovo participamos en mesas del World Economic Forum y Naciones Unidas porque sabemos que la adopción masiva requiere un equilibrio entre el potencial tecnológico, el cuidado de la privacidad y el enorme consumo energético que demanda. Estamos caminando hacia ese equilibrio.