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22/04/2019

Una visión contraria a la educación pública

Por Jorge Colina /¿Por qué usar fondos públicos para que los pobres accedan a escuelas privadas podría ser beneficioso para el nivel educativo del país?
Una visión contraria a la educación pública
La idea de que las escuelas del Estado son garantía de inclusión social es un slogan que solo se sostiene por conservadurismo ideológico.

Aceptar que las escuelas estatales son para los pobres y las privadas para las familias de ingresos medios y altos profundiza la fragmentación social. Sería más equitativo y eficiente darles a las familias más humildes la posibilidad de elegir también una escuela de gestión privada con financiamiento y control del Estado.

En el inicio del ciclo educativo, el tema central es otra vez el conflicto gremial. Resulta tedioso y mediocre que las familias vuelvan a la zozobra de no saber si sus hijos podrán comenzar y concurrir con normalidad a clases, rehenes de las presiones corporativas que pujan por una mayor apropiación de fondos públicos.

La conflictividad tiene negativos impactos en la calidad educativa. Según la prueba PISA, que mide habilidades de los jóvenes de 15 años obtenidas en el sistema educativo, Argentina en el año 2000 registraba un puntaje de 418, mientras que en el año 2012 (último disponible) cayó a 396 puntos. Chile, para tomar un ejemplo vecino, en el año 2000 tenía 410 puntos mientras que en el 2012 arrojó 441 puntos.Muchos factores explican esta profunda decadencia. Uno muy importante es el esquema de financiamiento educativo. En este sentido, un estudio realizado por el Centro para la Evaluación de Políticas basada en la Evidencia (CEPE) de la Universidad Di Tella muestra que del total del financiamiento público y privado para educación:

■ Las escuelas de gestión estatal en Argentina reciben el 79% de los recursos educativos mientras que en Chile reciben el 49%.

■ Las escuelas de gestión privada con financiamiento estatal reciben en Argentina 13% de los recursos para educación mientras que en Chile reciben el 42%.

■ Las escuelas de gestión privada sin financiamiento estatal reciben entre un 8% y 9% en ambos países.

Estos datos muestran, en primer lugar, que las familias que soportan la educación de sus hijos con financiamiento puramente privado representan la misma proporción en ambos países y son la minoría. Las diferencias sustantivas aparecen en el financiamiento público de las escuelas de gestión privada. Mientras que en Argentina casi el 80% de la inversión en educación es destinada a las escuelas estatales, en Chile los recursos educativos van casi en partes iguales al financiamiento en escuelas estatales y privadas.

La otra gran diferencia entre Argentina y Chile es el método con el que se canaliza el financiamiento público a las escuelas privadas. En Argentina, se hace mediante el pago de los salarios docentes de los colegios generalmente confesionales que se complementa con una cuota pagada por los alumnos.

En Chile, el financiamiento público a las escuelas privadas se canaliza vía bonos (vouchers) a las familias menos pudientes para que ellas elijan un colegio privado y con ese bono paguen la cuota del colegio. Esto tiene enormes impactos positivos en la calidad de la gestión educativa, ya que las escuelas privadas operan bajo reglas de gestión menos rígidas y burocráticas que las estatales.

Por ejemplo, según el citado estudio, en Chile entre el 58% y 68% de los alumnos concurren a escuelas donde el director puede contratar y despedir a los docentes, mientras que en Argentina estas proporciones son de entre 25% y 27%. Que las escuelas del Estado son garantía de inclusión social es un eslogan que solo se sostiene por conservadurismo ideológico. Las evidencias muestran que, en la práctica, las escuelas del Estado operan como un potente instrumento de fragmentación social. Los niños de las familias más pobres son obligados a concurrir a escuelas estatales donde las huelgas y las vetustas reglas de gestión prevalecen, mientras que las familias más acomodadas pueden acceder a las escuelas de gestión privada que operan bajo reglas más productivas.

Usar fondos públicos para que los pobres accedan a escuelas privadas es mucho más eficiente y justo que mantener escuelas estatales destinadas a cobijar niños pobres. Si a las familias más humildes se les diera la posibilidad de elegir un colegio privado con financiamiento del Estado, no solo se presionaría para mejorar la calidad educativa en las escuelas del Estado sino que se comenzaría a recuperar el sueño de muchos argentinos: ver al niño humilde con el niño acomodado concurriendo a la misma escuela.

 

*Presidente del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa)

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5 pensamientos en “Una visión contraria a la educación pública”

  1. Chile es un país desarrollado
    Está a años luz de la Argentina sumergida

    Tenía fe en cambiemos pero resultó ser un fracaso

  2. Es impresentable este artículo. Los resultados de las pruebas Pisa en Argentina no arrojaron diferencias estadísticamente significativa entre alumnos de colegios privados y públicos; los que van a la escuela privada rinden igual de mal; las diferencias son regionales poniendo en consideración que la fragmentación se da por cuestiones geográficas, sociales y de acceso y no por una cuestión de gestión privada o pública.

  3. Estás haciendo unos de los análisis más banales que he visto. Creer q por subsidiarle el colegio privado a una familia carenciada va mejorar su calidad educativa es dejar de considerar aspectos mucho más profundos. La educación no mejora por meter más contenidos en una currícula, ni por tener salones limpios. La educación mejora por atender a la persona en su integridad y esas cosas no mide la prueba pisa.
    Ese tipo de pruebas es un dato q hay q tener en cuenta pero por nada del mundo tiene q ser un aspecto primordial en el análisis. Pq en vez de criticar a la educación pública no se le da la importancia que merece en vez de delegarla y tratarla como un servicio como lo estás haciendo.

  4. “TU QUOQUE BRUTUS FILI MI”
    🤦🏻‍♂

    Chile tiene uno de los indicadores de desigualdad mayores de América, el indice Gini, por ejemplo.
    Alíi hay dos clases de educación “A” paga para la elite y otra “B” para el resto en una sociedad altamente estratificada.
    Los jóvenes egresados en Chile quedan endeudados por años.
    Sr. Jorge Colina intencionalmente evita tomar comparaciones de educación pública con los sistemas nórdicos, donde no existe la educación privada, y están siempre entre los 10 primeros del mundo en todas las mediciones que se hacen y perlitas como la mayor cantidad de patentes registradas y publicaciones científicas por habitante.
    Una educación pública excelente es la única que garantiza igualdad de oportunidades. De lo contrario, y no hablo solo de nuestro país, cualquier George Bush, analfabeto funcional reconocido y alguien con muy pocas luces, se recibe en Yale y Hardvard usurpando el lugar de otros por simple portación de apellido.
    El financiamiento público de la educación privada es una desvirtualización de los fines originales, como pasó de la misma manera con las jubilaciones de privilegio.
    El estado financió originalmente escuelas privadas en lugares donde no llegaba la educación pública. Es una verdadera burrada que existan en CABA colegios privados financiados con fondos públicos, y con la escuela pública es cada vez más desfinanciada.

    Podría hacerle la misma pregunta que se hacia Stephen Gould tratándose de imaginar el periplo de Charles Darwin para lograr ayuda para su monumental investigación sobre el origen de las Especies en los ámbitos educativos privados de Londres.
    El sistema privado produce individuos “llave en mano” sin criterios, útiles para sectores privados pero inútiles para la sociedad en sí. La investigación de Darwin sería una pérdida de recursos y tiempos absurda y poco redituable.
    Si sos un genio de la talla de Einstein, Maldacena o Hawking por hay consigas una beca en la educación privada, si tu papá es millonario tenés desde el vamos los estudios garantizados y sin esfuerzos aunque seas un asno y vayas conduciendo ebrio y fumando porros por las calles mientras esquivas ir a Vietnam.

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