Empresa familiar y resiliencia: por qué trabajar con la familia, aunque no sea sencillo, puede ser una gran oportunidad

La empresa familiar no es un camino fácil. Pero bien acompañada, puede ser uno de los proyectos más resilientes, humanos y trascendentes de nuestra economía.

Jael Itzcovitch*

En el debate público sobre liderazgo, negocios y desarrollo profesional aparece con frecuencia una afirmación que se repite casi como un consejo bienintencionado: trabajar con la familia es complicado; mejor evitarlo. Quienes sostienen esta idea no están del todo equivocados. Las empresas familiares concentran emociones, historias compartidas, expectativas no dichas, lealtades profundas y, muchas veces, conflictos no resueltos. Todo eso vuelve la dinámica más compleja que en una organización tradicional.

Sin embargo, quedarse solo con esa conclusión es perder de vista algo fundamental: que esa complejidad, bien trabajada, puede transformarse en una de las mayores fortalezas de una empresa. Porque allí donde hay vínculos, también hay compromiso, sentido de pertenencia y una capacidad de resiliencia que difícilmente se encuentre en otros modelos organizacionales. Hoy, más que preguntarnos si es conveniente o no trabajar con la familia, la verdadera pregunta es otra: cómo preparar a las empresas familiares para convivir con esa complejidad y transformarla en valor sostenible en el tiempo.

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La empresa familiar: un modelo exigente, no un modelo débil

Las empresas familiares no son una excepción marginal en la economía global. Muy por el contrario: a nivel mundial representan cerca del 70% del PBI y generan alrededor del 60% de los puestos de trabajo, según datos del Family Firm Institute y la OCDE. En Argentina, más del 80% de las empresas tienen origen y control familiar. A pesar de su peso económico y social, las estadísticas de continuidad suelen ser alarmantes. Diversos estudios coinciden en que solo alrededor del 30% de las empresas familiares logra pasar a la segunda generación, y menos del 15% alcanza la tercera. Cuando se analizan las causas de esta alta mortalidad, el problema rara vez es exclusivamente económico. La mayoría de los fracasos se explican por conflictos relacionales, falta de acuerdos claros y dificultades para gestionar la transición generacional. Esto ayuda a entender por qué trabajar con la familia puede resultar difícil. No porque el modelo esté condenado al fracaso, sino porque exige un nivel de preparación, diálogo y madurez emocional mayor que otros esquemas empresariales.

Resiliencia: la capacidad que marca la diferencia

En este contexto, la resiliencia se convierte en una capacidad central. En las empresas familiares, la resiliencia no es solo la habilidad de atravesar crisis económicas o cambios de mercado. Es, sobre todo, la capacidad de sostener los vínculos mientras se toman decisiones difíciles, de adaptarse sin romper, de conversar lo incómodo antes de que se transforme en conflicto. Las familias empresarias resilientes no son aquellas que no tienen problemas, sino aquellas que desarrollan herramientas para enfrentarlos. Entienden que separar por completo familia y empresa no es realista, pero mezclarlas sin reglas claras tampoco es sostenible. La resiliencia se construye cuando la familia aprende a poner palabras donde antes había silencios, acuerdos donde antes había supuestos, y procesos donde antes había improvisación.

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Ordenar para cuidar: el valor del Protocolo Familiar Empresario

Una de las herramientas más relevantes con las que cuentan hoy las empresas familiares para fortalecer su resiliencia es el Protocolo Familiar Empresario. Lejos de ser un documento rígido o meramente legal, el protocolo es un acuerdo vivo que ayuda a ordenar la relación entre familia, propiedad y empresa. Contar con un protocolo permite: Definir reglas claras de participación de los familiares en la empresa. Establecer criterios objetivos para el ingreso, desarrollo y salida de miembros de la familia. Clarificar roles, responsabilidades y expectativas, reduciendo ambigüedades. Prevenir conflictos futuros, conversando hoy lo que mañana podría convertirse en una crisis. Diferenciar los espacios de decisión empresarial de los espacios familiares, sin negar ninguno de los dos. Las empresas familiares que cuentan con protocolos no eliminan los conflictos, pero sí logran canalizarlos de manera más madura y constructiva. El protocolo no enfría los vínculos; los cuida, porque pone límites claros que protegen tanto a la empresa como a la familia.

El otro gran desafío: preparar a las nuevas generaciones

Si los acuerdos ordenan el sistema, las personas lo sostienen. Y aquí aparece uno de los desafíos más sensibles de las empresas familiares actuales: la preparación de las nuevas generaciones. Las generaciones jóvenes llegan al mundo laboral con una mirada distinta. Diversos estudios muestran que más del 65% de los jóvenes de familias empresarias estaría dispuesto a involucrarse en el negocio familiar solo si puede hacerlo de una manera alineada con sus intereses, valores y propósito personal. El mandato, por sí solo, ya no genera compromiso sostenido. Para muchos jóvenes, la pregunta central no es si la empresa es rentable, sino si ese proyecto puede tener sentido para ellos en el largo plazo. Cuando esa conversación no se habilita, aparecen la distancia, el desinterés o el compromiso forzado, que suele tener un costo alto tanto para la empresa como para la relación familiar.

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Preparar el vínculo con el legado

Preparar a las nuevas generaciones no implica empujarlas a ocupar un lugar determinado. Implica ofrecerles información, herramientas y espacios de reflexión para que puedan decidir de manera consciente cómo quieren relacionarse con el legado familiar. Algunos jóvenes encontrarán sentido en asumir roles de liderazgo operativo. Otros preferirán vincularse desde la propiedad, como accionistas responsables. Otros, incluso, decidirán no participar activamente del negocio, sin que eso signifique una ruptura con la familia o con su historia. La clave está en que la decisión sea informada, elegida y sostenible.

Grupos Estim: una herramienta para preparar la convivencia intergeneracional

En este escenario surgen propuestas orientadas específicamente a acompañar a las nuevas generaciones en su relación con la empresa familiar. Los Grupos Estim son una de ellas. A través de grupos de pares y el acompañamiento de mentores especializados, los jóvenes trabajan sobre su rol, desarrollan habilidades de comunicación, liderazgo y gestión emocional, y ganan claridad sobre cómo desean vincularse con el legado familiar. El aprendizaje entre pares —ampliamente estudiado y validado— permite que los participantes se reconozcan en otros, reduzcan el aislamiento y construyan decisiones más sólidas. Este proceso impacta positivamente en toda la familia: mejora el diálogo intergeneracional, reduce tensiones y facilita conversaciones que antes resultaban difíciles de sostener.

Desafiante, sí. Una oportunidad enorme, también

Trabajar con la familia no es sencillo. Requiere acuerdos, preparación, habilidades blandas y mucha conversación. Pero hoy, a diferencia de décadas atrás, las empresas familiares cuentan con un cuerpo creciente de conocimiento, estudios y herramientas que permiten abordar esa complejidad de manera mucho más consciente.

El estudio de las dinámicas familiares empresarias ha avanzado enormemente. Hoy sabemos que sostener una empresa familiar en el tiempo no depende solo de estrategias de mercado, sino de la calidad de los vínculos, la claridad de los acuerdos y la preparación de las personas. Prepararse es clave. Porque cuando una familia empresaria invierte en acuerdos, en formación y en desarrollo humano, los resultados pueden exceder todas las expectativas: empresas más sólidas, vínculos más sanos y un legado que no solo se conserva, sino que se transforma y se proyecta.

La empresa familiar no es un camino fácil. Pero bien acompañada, puede ser uno de los proyectos más resilientes, humanos y trascendentes de nuestra economía.

*Directora y Mentora de Estim Groups

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