Por qué los latinoamericanos invierten en real estate de Estados Unidos

Cómo la búsqueda de seguridad jurídica, moneda dura y retornos predecibles transformó al inversor de la región y qué variables conviene entender antes de dar el primer paso.

Nicolás Belgrano*

En los últimos años, una tendencia silenciosa pero sostenida viene transformando el perfil del inversor latinoamericano. Cada vez más capital de la región, proveniente de Argentina, Colombia, México, Chile y Perú entre otros países, encuentra su destino en el mercado inmobiliario de Estados Unidos.

No se trata de un fenómeno nuevo. La búsqueda de activos fuera de la región fue una constante histórica en América Latina, donde la inestabilidad macroeconómica, las devaluaciones recurrentes y la fragilidad institucional empujaron generación tras generación a diversificar hacia afuera. Lo que sí es nuevo es el perfil del inversor y la sofisticación de los instrumentos que utiliza hoy. Ya no se trata exclusivamente de grandes fortunas o family offices comprando departamentos en Miami o Nueva York. El inversor latinoamericano actual accede a estructuras de inversión colectiva, los llamados sindicatos de real estate, que permiten participar en activos de escala institucional con tickets accesibles, de forma pasiva y con retornos estructurados. Es el mismo vehículo que usan los fondos de pensión y los inversores institucionales americanos, ahora al alcance de un segmento mucho más amplio de la región.

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Por qué el capital latinoamericano mira a Estados Unidos

El flujo de capital hacia el real estate americano responde a una combinación de factores de expulsión desde la región y de atracción desde el mercado de destino.

Entre los factores de expulsión:

  • Argentina atravesó en la última década múltiples episodios de default, controles cambiarios e inflación de tres dígitos, en un contexto de incertidumbre institucional que erosionó la confianza en cualquier instrumento de ahorro en moneda local.
  • Venezuela y Ecuador vivieron procesos similares o más agudos.
  • Incluso en economías relativamente más estables como Colombia, Chile o México, la volatilidad política de los últimos años generó un movimiento hacia activos percibidos como más seguros y predecibles.
  • A esto se suma un factor cultural y generacional: el inversor sofisticado de hoy, profesional, empresario o ejecutivo con acceso a información global, ya no acepta como única alternativa el plazo fijo, el bono soberano o el inmueble local.

Del lado de los factores de atracción:

  • Seguridad jurídica de un sistema donde los contratos se cumplen y los derechos del inversor están claramente definidos y son ejecutables.
  • Moneda dura y previsibilidad: invertir en dólares y generar renta en dólares elimina la variable cambiaria que históricamente destruyó el valor de los ahorros latinoamericanos.
  • Tratamiento impositivo favorable, con herramientas como la depreciación acelerada de activos inmobiliarios y estructuras de diferimiento que, bien utilizadas a través de LLCs o trusts, mejoran el retorno neto de impuestos.
  • Retornos competitivos con riesgo acotado: el multifamily residencial tiene un historial de cuatro décadas de retornos consistentes con menor volatilidad que otras clases de activos, y en las últimas tres recesiones fue el sector que menos cayó y el primero en recuperarse.

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El presente del mercado: oportunidad y desafíos

El mercado atraviesa hoy un momento de transición que, leído correctamente, representa una ventana de oportunidad. Entre 2021 y 2025 se absorbió una de las mayores olas de construcción en décadas, con más de 1,4 millones de unidades nuevas entregadas en tres años, lo que presionó la ocupación y moderó el crecimiento de rentas en varios mercados. El ciclo de suba de tasas de la Reserva Federal, en paralelo, encareció el financiamiento y comprimió los valores respecto a los picos de 2021-2022.

El resultado es un mercado con precios de entrada más racionales que hace tres años, y con una perspectiva de recuperación progresiva: los starts de construcción cayeron más del 40% entre 2023 y 2025, lo que anticipa menos oferta nueva hacia 2026 y 2027. Menos oferta con demanda sostenida es, históricamente, la ecuación que precede la recuperación de rentas y valuaciones.

Los desafíos, sin embargo, son reales. Las tasas, aunque en descenso gradual, siguen altas en perspectiva histórica y exigen un underwriting conservador. La selección de mercado es más crítica que nunca: ciudades como Austin o Phoenix todavía digieren el exceso de oferta, mientras Charlotte, Raleigh o varios mercados del Medio Oeste ya muestran señales de recuperación. Y el riesgo de refinanciamiento es una variable central, porque muchos deals cerrados en 2020-2021 con deuda barata enfrentan hoy vencimientos en un entorno de tasas más altas.

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Variables clave a tener en cuenta antes de operar

Acceder al mercado americano no es complejo, pero exige entender variables distintas a las que rigen la inversión inmobiliaria en la región.

  • La estructura legal del vehículo: los sindicatos operan a través de LLCs creadas para cada deal, y el Operating Agreement define los derechos de cada parte y los mecanismos de protección del inversor pasivo, por lo que leerlo en detalle es una condición no negociable.
  • La evaluación del operador: la calidad del sponsor que gestiona el activo es tan determinante como la calidad del activo mismo. Un buen operador puede convertir un deal mediocre en un buen resultado, y uno malo puede arruinar el mejor activo.
  • La estructura de capital y el apalancamiento: la proporción entre deuda y equity define la fragilidad o robustez del deal ante escenarios adversos, y los covenants de la deuda son elementos que conviene revisar antes de comprometer capital.
  • Las implicancias impositivas y de reporte: invertir como no residente genera obligaciones en ambos países, con la retención FIRPTA sobre ganancias de capital y la planificación de la estructura de tenencia como aspectos que requieren asesoramiento especializado.
  • La iliquidez del capital: lo comprometido en un sindicato no es rescatable durante el período de tenencia, típicamente de entre 3 y 7 años, por lo que debe tratarse de capital que el inversor pueda inmovilizar sin afectar su liquidez operativa.

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¿Todos pueden invertir?

La respuesta honesta es que no. Requiere capital disponible para inmovilizar en el mediano plazo, tolerancia a la iliquidez, capacidad de entender documentación legal en inglés y disposición a hacer el trabajo de due diligence que una inversión de este tipo demanda. No es una inversión de alta liquidez ni de retornos garantizados, y quien entra buscando rendimientos rápidos asume un riesgo que probablemente no dimensiona.

Para el inversor con el perfil adecuado, capital paciente, horizonte de mediano plazo y búsqueda de diversificación en dólares, el real estate americano ofrece hoy una combinación de seguridad jurídica, previsibilidad y potencial de retorno difícil de replicar con otros instrumentos de la región. La tendencia no es una moda. Es la respuesta racional de un inversor sofisticado a un contexto regional que, desde hace décadas, no ofrece las condiciones de estabilidad que el capital necesita para crecer.

*Asesor en inversiones de real estate,  abogado especializado en M&A y mercados de capitales