Los viajeros buscan mayor libertad para organizar sus descansos, sumar experiencias de aprendizaje y desconectarse de la rutina.
Cada vez son más las personas que prefieren prescindir de las “vacaciones perfectas” en destinos populares o con itinerarios exigentes. En su lugar, planifican su descanso en función de sus intereses y de la posibilidad de desconectarse por completo de la rutina. La experiencia turística se volvió más personalizada.
La flexibilidad, el bienestar, el aprendizaje y la conexión con el entorno aparecen entre los factores que influyen en las decisiones de los viajeros, junto con la necesidad de aprovechar mejor el tiempo disponible. Así lo refleja el estudio El Gran Reequilibrio: cómo los viajeros esperan reajustarse y recalibrarse en 2027, elaborado por Hilton en colaboración con Morning Consult.
En esa línea, el uso de la tecnología comienza a convivir con la importancia del trato humano. Aunque las herramientas de inteligencia artificial intervienen cada vez más en la búsqueda de información y la organización de itinerarios, la confianza en las recomendaciones personales y en la atención hotelera conserva su relevancia.
El informe identifica cinco tendencias que reflejan este cambio en los hábitos de los viajeros y muestran qué aspectos ganarán protagonismo al momento de planificar las vacaciones en 2027.
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Viajar a medida y dejar atrás las vacaciones perfectas
La presión por organizar el viaje ideal convive cada vez más con el deseo de priorizar las preferencias personales. Según el relevamiento, el 54% de los viajeros siente algún tipo de presión para tener unas vacaciones perfectas, mientras que el 24% intenta adaptarse al grupo y mantener conformes a los demás.
La tendencia apunta a una mayor flexibilidad a la hora de elegir destinos, actividades y modalidades de viaje. La experiencia deja de estar definida únicamente por las expectativas sociales y pasa a depender, en mayor medida, de lo que cada persona quiere obtener de sus vacaciones.
En ese contexto, también cambia la percepción de los viajes en solitario. El 31% de los encuestados viajó solo para encontrarse con amigos o familiares en el destino, una práctica que combina autonomía con vínculos sociales.
La confianza y el trato humano en la era de la inteligencia artificial
La incorporación de herramientas de inteligencia artificial a la planificación de viajes no elimina la importancia de las recomendaciones personales. Por el contrario, la confianza en las personas sigue ocupando un lugar relevante en las decisiones de los turistas. El informe señala que el 70% de los viajeros confía en el personal de los hoteles como fuente de información para organizar sus viajes. Entre quienes no tienen hijos, uno de cada cinco identifica a su madre como una de sus fuentes más confiables de consejos turísticos.
La confianza también se relaciona con los programas de fidelización. La mitad de los encuestados afirma que es más probable que confíe en las recomendaciones de una persona con estatus de fidelidad en un programa de viajes que en las de alguien que no lo tiene. Además, el 29% reconoce sentir envidia de los amigos que cuentan con una categoría superior.
Estos datos reflejan que, junto con las herramientas digitales, la experiencia acumulada, la atención personalizada y las recomendaciones de personas consideradas confiables continúan influyendo en las decisiones de consumo turístico.
Viajes para aprender y crecer personalmente
Las vacaciones también empiezan a funcionar como una oportunidad para desarrollar intereses y adquirir habilidades. Esta modalidad, conocida como skillcation -un término que combina las palabras en inglés skills (habilidades) y vacation (vacaciones)-, vincula el descanso con el aprendizaje y las experiencias culturales.
Según el estudio, el 42% de los viajeros globales afirma que viajar le permitió descubrir nuevos intereses o pasiones. La diferencia generacional también resulta significativa: los integrantes de la Generación Z son casi dos veces más propensos que los Baby Boomers a regresar de un viaje con un nuevo pasatiempo o interés que desean seguir desarrollando.
La tendencia amplía el concepto tradicional de turismo, que deja de centrarse exclusivamente en el descanso o el entretenimiento para incorporar actividades relacionadas con la cultura, las tradiciones y el aprendizaje local. También se destaca el efecto anticipado de las vacaciones. El 76% de los encuestados sostiene que tener un viaje programado le da un objetivo por el cual esforzarse. De esta manera, la experiencia turística puede comenzar a generar expectativas positivas incluso antes de partir.
Bienestar, naturaleza y desconexión
El bienestar gana espacio entre las motivaciones para viajar. En este segmento, la búsqueda de descanso no se limita a los tratamientos de spa o las instalaciones especializadas: también incluye el contacto con entornos naturales, las actividades al aire libre y la posibilidad de reducir el estrés cotidiano. El informe indica que el 65% de los viajeros busca activamente experiencias que ayuden a calmar el cuerpo y recuperar el equilibrio. A su vez, el 76% afirma que viajar le permite recargarse mental y físicamente de maneras que no consigue con facilidad en su vida diaria.
La naturaleza aparece como otro componente central. El 79% considera que el aire fresco y el contacto con espacios naturales son esenciales para relajarse durante las vacaciones. Además, el 54% asegura que pasa más tiempo en contacto con la naturaleza cuando viaja que cuando está en casa.
Microviajes y escapadas cortas para aprovechar el tiempo
La disponibilidad de tiempo se consolida como uno de los factores que condicionan la planificación turística. Frente a la dificultad de organizar vacaciones prolongadas, los viajes cortos y frecuentes aparecen como una alternativa para incorporar experiencias durante el año. El 67% de los encuestados afirma que le gusta planificar viajes que le permitan hacer muchas actividades en poco tiempo. En línea con esa preferencia, el 63% elige alojarse en ubicaciones céntricas, con una oferta amplia de actividades y lugares de interés en los alrededores.
La definición de una escapada corta, sin embargo, varía según el mercado. Entre los viajeros estadounidenses, el 88% considera que un viaje de menos de tres o cuatro días entra en esa categoría. En Japón, el 86% lo define como una salida de menos de dos días, mientras que en México esa proporción alcanza el 50%.
En Arabia Saudita y Alemania, en cambio, aparecen criterios más amplios: el 29% y el 26% de los encuestados, respectivamente, consideran que una escapada breve puede extenderse entre cinco y seis días o incluso más.
RM