Opinión

Inversores profesionales vs. mercado desordenado: el laberinto del Real Estate

Por qué y cómo el matching algorítmico puede cambiarlo todo en el mercado inmobiliario.

Federico Akerman, Real Estate Foto: Cedoc

Un desarrollador inmobiliario sabe exactamente qué está buscando. No busca un terreno. Busca un lote de tal ancho, en tal zona, que rinda tantos metros vendibles, en el cual se pueda construir tal tipología, con un ticket máximo de compra y una forma de pago determinada. Su búsqueda no es un deseo difuso: son especificaciones claras dentro de un rango. Casi una orden de compra escrita de antemano. Es, probablemente, el comprador más preciso de todo el mercado inmobiliario.

Y sin embargo, ese comprador tan exacto está obligado a bucear en el mercado más desordenado que existe.

Cuando entra a un portal a buscar tierra, encuentra los terrenos publicados igual que los departamentos usados: una foto, los metros del lote, un precio. Pero un terreno no se parece en nada a un departamento usado. Un departamento se valúa por comparación: cuánto salió el de al lado. Un terreno no. Un terreno vale por lo que se puede construir encima, y eso no se ve en la foto. La misma esquina, bajo un código que permite siete pisos o uno que permite cuatro, son dos activos distintos con dos precios distintos.

El valor del terreno se calcula por residuo: el desarrollador proyecta a cuánto puede vender, le resta todos sus costos y su ganancia, y lo que queda es lo máximo que puede pagar por el lote. Con los números de hoy (el costo de construcción en máximos y todavía en alza en dólares, y la rentabilidad del desarrollador en rojo), ese cálculo no admite ruido. Y casi todo lo publicado es ruido: lotes mal factibilizados, donde nadie calculó de forma comprensiva qué permite el código, y por lo tanto mal priceados, valuados por lo que pretende el dueño.

La demanda más estructurada de la industria, servida por la oferta menos estructurada

Visto así, lo que falta es obvio: es un problema de matching. Pero matching no es una palabra elegante para buscar mejor. Es otra cosa, y conviene ser preciso sobre qué hace un sistema que cruza demanda y oferta estructuradas, porque es exactamente lo que una persona no puede hacer.

Juntas, estas cinco acciones convieren buscar en encontrar.

1. Evalúa el universo entero: Un comprador analiza los lotes que llegan a su radar: los publicados, los que le pasó un conocido. Trabaja sobre una muestra sesgada. El sistema trabaja sobre la población completa, e incluye algo que el portal nunca va a mostrar: la tierra que no está en venta pero cuyo dueño vendería al precio correcto. La mayor parte del terreno desarrollable de una ciudad no está publicado en ningún lado.

2. El costo de descartar tiende a cero: Factibilizar y valuar un lote a mano lleva horas. Hacerlo sobre las más de trescientas mil parcelas de la Ciudad es imposible para una persona. Un sistema descarta lo que no sirve en segundos, y el desarrollador solo ve lo que ya pasó el filtro. Deja de buscar y empieza a elegir.

3. Compara contra el valor real, no contra el precio publicado: El algoritmo no mide el lote contra lo que pide el dueño, sino contra lo que rinde para ese proyecto específico. La diferencia entre esos dos números, que el portal nunca muestra, es la información que define si el proyecto cierra.

4. El cruce es bidireccional: No es solo «encontrá el lote para este desarrollador». Es también «para este lote, cuál es el desarrollador cuyo perfil encaja». El mismo motor ordena los dos lados a la vez, y cada parcela nueva que entra se ofrece sola a la demanda que la estaba esperando.

5. Opera en continuo: El lote correcto que aparece tarde no sirve: el proyecto ya se armó en otro lado. Un sistema que monitorea la oferta sin parar avisa en el momento en que el match aparece, en vez de depender de que el desarrollador esté mirando el portal justo ese día.

Es lo que ya pasó en casi todos los mercados donde la demanda se podía especificar con precisión: tarde o temprano apareció alguien que estructuró la oferta para responder con exactitud, y el verbo cambió. La tierra es uno de los últimos mercados grandes donde esa transición apenas comienza. Donde el comprador más sofisticado de todos sigue, todavía, scrolleando.

El desarrollador siempre supo exactamente qué buscaba. Lo que faltaba era un sistema a la altura de esa precisión. Es lo que construimos en Terres.

*Arquitecto y fundador de Terres

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