“El software argentino está frente a un punto de inflexión”

Pablo Fiuza, Presidente de la Cámara de la Industria Argentina del Software (CESSI), analiza 2025 y comparte sus expectativas para 2026.

Redacción Fortuna

El 2025 quedará marcado como un año de transición profunda para la industria del software en Argentina. No fue un período de crecimiento acelerado, pero sí uno de consolidación, aprendizaje y redefinición estratégica. En un contexto macroeconómico desafiante, el sector volvió a demostrar su capacidad de adaptación: creó empleo calificado, sostuvo salarios competitivos y expandió exportaciones, reafirmando su rol como motor transversal del desarrollo productivo.

Los datos del Observatorio Permanente de la Industria del Software y Servicios Informáticos (OPSSI) correspondientes al primer semestre del año lo muestran con claridad. Se generaron más de 1.000 nuevos puestos de trabajo, alcanzando los 160.000 empleos formales. Las exportaciones crecieron un 15% y superaron los USD 1.322 millones, mientras que el salario promedio ya supera los $3 millones, ubicándose entre los más altos de la economía y creciendo por encima de la inflación. En paralelo, la participación femenina llegó al 35%, consolidando un avance sostenido en diversidad e inclusión. Aun así, el informe advierte nuevos desafíos: caída de la rentabilidad, menor demanda de productos y servicios, y una rotación laboral en torno al 22%.

El verdadero punto de inflexión llegó de la mano de la inteligencia artificial. La adopción acelerada de estas tecnologías reconfiguró procesos, ocupaciones y modelos de negocio. Algunas tareas que históricamente fueron la puerta de entrada al empleo joven hoy pueden automatizarse, lo que nos exige repensar la formación y la inserción laboral en un paradigma distinto. Este desafío impulsó un trabajo conjunto entre CESSI, universidades y empresas para rediseñar la oferta educativa, fortalecer habilidades humanas y preparar perfiles capaces de convivir, complementar y amplificar las capacidades de la IA.

Al mismo tiempo, venimos impulsando un compromiso activo con todo el entramado productivo. Mientras sectores como la banca, las telecomunicaciones o la energía muestran un alto grado de madurez digital, otros aún presentan brechas significativas. Reducir estas diferencias es clave: la competitividad del país depende de que todas sus industrias puedan acceder y adoptar tecnologías que potencien su productividad. Ese compromiso no se expresa sólo en diagnósticos o propuestas, sino también en espacios concretos de encuentro, articulación y construcción colectiva.

En ese camino, este año estuvo marcado por una intensa agenda. El IA Day, por ejemplo, fue un hito: con más de 1.500 participantes y 60 oradores, se consolidó como el evento más relevante del país en materia de IA aplicada al negocio, poniendo en relieve la necesidad de acelerar su adopción con una mirada estratégica y responsable.

Esta visión se complementó con otros espacios clave de  intercambio y debate. El 18° Encuentro Empresarial, realizado junto al Polo Tecnológico de Rosario, reunió a más de 300 referentes de todo el país y reafirmó el rol clave de los polos y clusters como motores del desarrollo regional, en tanto, el Talent IT, con más de 650 asistentes, puso el foco en los desafíos vinculados al capital humano en un contexto de transformación acelerada. Y cerrando el año, organizamos los Premios Sadosky, que en su 21° edición alcanzaron un récord de postulaciones, visibilizando la excelencia, la innovación y el impacto de una industria con alcance verdaderamente federal.

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El 2025 también dejó lecciones importantes. Comprendimos que la tecnología avanza más rápido que los marcos regulatorios y que, para capitalizar esta revolución, Argentina necesita reglas claras, estables y orientadas a la innovación. La experiencia de la Ley de Economía del Conocimiento -hoy un referente internacional- demuestra que las políticas públicas de largo plazo pueden transformar sectores completos. Ese espíritu debe guiar el nuevo debate sobre inteligencia artificial.

Mirando hacia 2026, los desafíos son tan grandes como las oportunidades. La industria deberá competir globalmente por talento, acelerar procesos de actualización profesional y expandir su capacidad exportadora. Pero además tendrá un papel determinante en la transformación digital del resto de la economía. Manufactura, logística, comercio, energía y producción primaria aún tienen un enorme margen para incorporar tecnologías que mejoran productividad y competitividad. Acompañar esa transición será una de nuestras prioridades: no puede haber un país digital si solo algunos sectores avanzan.

Otro eje estratégico será impulsar un marco legal moderno para el desarrollo responsable de la IA. No se trata de regular para limitar, sino de crear condiciones que brinden confianza, protejan derechos, impulsen la inversión y potencien la innovación.

Finalmente, el 2026 nos encontrará profundizando inversiones y proyectos orientados a la formación, la inclusión digital, la federalización del talento y la expansión internacional del software argentino. Si sostenemos esta agenda, la industria no solo seguirá creciendo: será uno de los pilares centrales del desarrollo económico del país.

Si tuviéramos que sintetizar la estrategia de año próximo en una sola palabra, sería “escala”: escalar talento, escalar innovación, escalar impacto productivo. Argentina tiene todo para lograrlo.

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