Mercado inmobiliario: el cambio de ciclo empieza en la macroeconomía

Tras años de inflación, incertidumbre y falta de financiamiento, el mercado inmobiliario comienza a encontrar condiciones para una recuperación gradual, aunque todavía depende de la estabilidad de la economía.

Nicolás Parreira*

Cuando se analiza el mercado inmobiliario suele ponerse el foco en las propiedades, los precios o las operaciones. Sin embargo, el verdadero cambio de ciclo comienza mucho antes: en la macroeconomía.

Después de varios años de alta inflación, incertidumbre y ausencia de crédito, empiezan a aparecer condiciones que favorecen una recuperación gradual del sector. No porque el mercado inmobiliario haya cambiado por sí solo, sino porque algunas de las variables que históricamente condicionaron su desarrollo comienzan a mostrar una dinámica distinta.

La primera es la estabilidad. La compra de una vivienda es probablemente la decisión financiera más importante que toma una familia. Para asumir un compromiso de largo plazo no alcanza con tener capacidad de pago; también hace falta previsibilidad. Cuando la inflación baja y las expectativas económicas se estabilizan, hogares e inversores vuelven a proyectar decisiones que durante años quedaron postergadas.

En ese contexto, el regreso del crédito hipotecario representa uno de los cambios más relevantes. Argentina continúa siendo uno de los países con menor profundidad financiera de la región: el crédito hipotecario equivale apenas al 0,9% del PBI y, aun con una expansión cercana al 30% proyectada para 2027, apenas alcanzaría el 1,3%. Es decir, el potencial de crecimiento sigue siendo enorme y cualquier avance tiene un impacto significativo sobre la demanda.

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Otra señal interesante es la corrección de algunos precios relativos. Durante los últimos años, las propiedades quedaron rezagadas frente al costo de construcción. Hoy, en muchos casos, el valor de mercado todavía se ubica por debajo del costo de reposición, una distorsión que difícilmente pueda sostenerse indefinidamente si la economía continúa normalizándose. Los mercados suelen corregir este tipo de desequilibrios cuando mejoran las condiciones de financiamiento y aumenta la demanda.

Al mismo tiempo, comienza a observarse una mejora en la accesibilidad. Un dato que pasó relativamente desapercibido es que el salario volvió a ganar terreno frente al valor del metro cuadrado. No significa que comprar una vivienda sea fácil, pero sí que la relación entre ingresos y precio de los inmuebles dejó de deteriorarse, generando un escenario más favorable para quienes buscan acceder a una propiedad mediante ahorro y financiamiento.

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Ahora bien, el proceso está lejos de estar garantizado. La consolidación de este cambio de ciclo dependerá de que continúe la desaceleración de la inflación, de que las tasas de interés permitan sostener el crédito y de que la estabilidad cambiaria reduzca la incertidumbre. Si esas condiciones se mantienen, es razonable esperar una recomposición gradual de los precios. Si no, el mercado volverá a mostrar la cautela que caracterizó los últimos años.

En definitiva, el mercado inmobiliario no está liderando la recuperación económica: está reaccionando a ella. El ladrillo vuelve a moverse cuando la macroeconomía ofrece señales de estabilidad, el crédito reaparece y las familias recuperan la capacidad de planificar. Por eso, más que preguntarse si las propiedades van a subir de precio, la verdadera pregunta es si la economía logrará sostener las condiciones que hacen posible ese cambio de ciclo.

*Economista y director de Grupo Sigma