El presidente de la Unión Industrial Argentina reconoce que los acuerdos con EE.UU. y Europa son claves para el país y la industria. Los cinco factores a cambiar para ganar competitividad global. De qué se trata el nuevo contrato productivo que plantea.
Martín Rappallini se autodefine como “industrial”. Con tan solo 25 años, en 1993, compró Cerámica Alberdi, la convirtió en la líder del mercado con una participación del 25% y años después, en 2005, fundó Alberdi Desarrollos y construyó cuatro parques industriales. Gracias a su vinculación con una gran cantidad y diversidad de empresas, primero fue presidente la Unión Industrial de Buenos Aires y luego, en mayo de este año, asumió como presidente de la UIA.
Como máximo referente de la industria local le está tocando lidiar con un momento de extrema tensión en su sector. Según el último informe de la UIA la actividad industrial se mantuvo en octubre alrededor de un 10% por debajo de los niveles de 2022 y 2023. Y si bien registró un crecimiento del 0,3% en octubre respecto de septiembre, solo la refinación de petróleo y la producción de motos alcanzaron los valores máximos acumulados en 2022.
Es en este contexto que Rappallini recibe a Fortuna y habla sobre el acuerdo comercial con Estados Unidos y también entre el Mercosur y la Unión Europea. Además, explica por qué el crédito, una reforma impositiva que baje la presión fiscal del 52% al 25%, una reforma laboral que no haga que el costo de un empleado para una empresa sea un 100% más que lo que el trabajador se lleva al bolsillo, una mejora en la infraestructura y educación de calidad permitirían que entre “el 90% y el 95% de la industria argentina sea competitiva en el mundo”. “Tenemos que trabajar sobre el costo argentino”, afirma.
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Fortuna: Si bien todavía falta la letra chica, ¿qué opinión le merece el acuerdo con Estados Unidos?
Rappallini: Hay una posición positiva por parte de la industria de que a la Argentina le conviene una alianza con el Atlántico, no solamente con Estados Unidos, sino también con la Unión Europea. Nosotros entendemos que con países que respetan las reglas internacionales de comercio y que tienen las mismas reglas de funcionamiento se puede abrir una oportunidad de integrarnos. Dicho esto, lo que vemos puntualmente con el acuerdo con Estados Unidos es que son un país que no se autoabastece en ninguna cadena de valor. En promedio, importan el 30% de lo que es su producción industrial, con sectores que importan un 20%, otros un 50% y algunos llegan al 90%, como es el caso del calzado. Y ahí es donde vemos una oportunidad. Ellos se autodefinen como un gran Walmart que le compran al mundo y que quieren comprarles a los amigos. Y esta definición de ellos también es un cambio importante para el comercio internacional, porque la geopolítica pasa a tener un rol fundamental y los países van a empezar a elegir con quién comerciar en función de la relación política.
Fortuna: Desde el punto de vista comercial, ¿no cree que el acuerdo está un poco desbalanceado, teniendo en cuenta que los sectores en los cuales argentina abre el mercado son industriales, como medicamentos, productos químicos, maquinaria, vehículos?
Rappallini: Con Estados Unidos va a haber un win-win desde el punto de vista industrial mucho más favorable que con China. Los datos hablan por si solos. Con China, nuestro país va a tener déficit comercial MOI cercano a los u$s 19 mil millones, mientras que con Estados Unidos rondará los u$s 1.000 o u$s 2.000 millones. Lo que veo también es que hay un error en cómo se ve el acuerdo, porque nosotros no vamos a competir con Estados Unidos de manera directa, sino que vamos a competir con los proveedores de Estados Unidos porque es un país netamente importador, el mayor importador del mundo. Entonces, nosotros vamos a estar compitiendo con México, China, Canadá, Europa, Brasil, Colombia, Perú, Chile y todo país que le esté proveyendo.
Fortuna: En lo que trascendió, Estados Unidos habla de los sectores que Argentina debería considerar; mientras que al revés solo se mencionó uno, que es el de los minerales raros y el de los artículos no patentados de uso farmacéutico...
Rappalinni: Hay muchos sectores que ya están exportando, como el de aluminio y acero. Hay mucha exportación y hay que trabajar para aumentar esa exportación, porque nos vamos a asociar con un país que es el mayor importador del mundo y un mercado muy competitivo, pero tendremos la posibilidad de tener diferencial de aranceles, está claro que es una oportunidad para nuestro país.
Fortuna: ¿Ustedes están participando directamente de las negociaciones?
Rappallini: La metodología que ha tomado Estados Unidos con todos los países es muy particular, porque han firmado convenios de confidencialidad con cada uno de ellos. Es un acuerdo de negociación bilateral con confidencialidad. Entonces, confidencialmente el gobierno nos ha consultado pero tenemos que mantener esa confidencialidad para que no haya filtraciones porque eso podría hacer caer esta negociación. Estados Unidos está negociando con varios países y si algún país se entera con que está negociando Argentina, después se lo pide. Es muy compleja la situación, porque no es un acuerdo de libre comercia, el famoso TLC; sino que es un TIFA, que son acuerdos bilaterales y en este caso se están negociando ciento cincuenta productos; y es el comienzo de lo que podría luego ser un acuerdo de comercio futuro mucho más grande.
Fortuna: Entonces, desde el punto de vista industrial, ¿Estados Unidos es un socio mejor que China?
Rappallini: Sin dudas que Estados Unidos es un socio mejor que China desde el punto de vista industrial. China tiene la cultura de importar materias primas y exportar productos con valor agregado, mientras que Estados Unidos, como comenté antes, importa para toda su cadena de valor y lo que ellos exportan, en general, son productos de muy alto valor agregado.
Fortuna: ¿Qué tan competitiva está actualmente la industria argentina para poder importar a Estados Unidos donde competirá contra otros países mucho más eficientes que nosotros?
Rappallini: La industria argentina es muy heterogénea. Hay muchas empresas que son competitivas hoy y que en la medida que podamos hacer reformas como la impositiva y la laboral podrán serlo mucho más. También hay una potencialidad para muchas de empresas que tienen la capacidad de erradicarse y de competir. Pero no será de un día para el otro, y es por eso que yo hablo de transición. ¿Transición de qué? De pasar de un régimen económico basado en sostener el consumo con gasto público y emisión monetaria, y financiado con los dólares del campo, en un contexto en el que en los últimos diez años no se generó empleo y no hubo crecimiento, a un modelo de crecimiento en el cual tenés que basarte en la competitividad global.
Fortuna: ¿Por este motivo en el día de la industria empezaron a hablar del nuevo contrato productivo? ¿Qué significa ese nuevo contrato?
Rappallini: Exacto, porque este nuevo contrato productivo implica que toda la sociedad argentina - empresarios, trabajadores, Estado- tenemos que empezar a trabajar para ser más eficientes y competitivos. Es una nueva forma de trabajar que permite asociarnos con Estados Unidos. México empezó exportando u$s 100.000 millones en 2003 y ahora exporta u$s 600.000 millones, con un sector autopartista que vendía solo u$s 30 mil millones y ahora les vende u$s 200 mil millones. Lo mismo pasó con Brasil, que exportaba u$s 6.000 millones y ahora les vende u$s 40 mil millones. Estos crecimientos se construyen a través de generar una cadena de valor y entender cuáles son sus necesidades. Hay una oportunidad de crecimiento. No conozco ningún país que haya hecho acuerdos de libre comercio con Estados Unidos y haya caído su comercio.
Fortuna: ¿Qué factores son claves para mejorar la competitividad de la industria local en este nuevo contrato productivo que nos comenta?
Rappallini: Son cinco los factores claves para ganar competitividad. El primero de ellos es el crédito, que está basado en el orden macroeconómico, relacionado con el ahorro y la moneda, que termina siendo crédito. En todos los países que ha habido desarrollo industrial ha habido crédito para la inversión. El mercado de crédito en la Argentina es de menos del 10% del PBI para el sector privado contra un Brasil que tiene 70 puntos al sector privado. Entonces, el crédito es el factor más importante. El segundo es tener un sistema impositivo que promueva la inversión. Cuando un país tiene menor presión fiscal hay mayor dinamismo, más crecimiento y mayor competitividad. El tercero es un régimen laboral moderno. Los últimos dos son el de contar con una buena infraestructura, porque esto impacta en los costos energéticos, costos de rutas y puertos y; por último, el factor de la educación. Pero educación para el trabajo y de generar los recursos humanos que se necesitan. Cuando hoy vemos a la Argentina en estos cinco temas vemos que el crédito es prácticamente cero; tenemos récord de presión fiscal; en términos de legislación laboral lo hemos, rigidizado; en infraestructura no tenemos nada, y la educación viene empeorando sistemáticamente. La infraestructura tiene dos patas de apalancamiento, que son el crédito y la seguridad jurídica. Acá hemos congelado las tarifas y los peajes, eso lo que hizo fue romper el sistema de seguridad jurídica. A pesar de todo esto, Argentina tiene algo a favor, que muy pocos países lo tienen, que es tener sectores con una gran posibilidad de crecimiento, como puede ser el sector energético, el minero, el campo y la industria del conocimiento. Son sectores que, desde el punto de vista industrial, hay mucha posibilidad.
Fortuna: Usted habló de la reforma laboral, ¿qué posición tiene la UIA respecto a cuál es la principal traba para crear empleo formal?
Rappallini: Hay diversos motivos, porque es un sistema que atenta contra la empleabilidad y contra la voluntad que tiene el empresario de tomar nuevos empleados. El primer elemento que atentó contra esto fue la alta litigiosidad en dos aspectos. Por un lado, respecto de los despidos con multas que multiplicaban por 4 o por 5 la indemnización que siempre generaron una desproporción en lo que realmente tiene que cobrar el trabajador. Después todo lo que es litigiosidad con el tema de enfermedades, que también hay un descontrol total porque le genera al trabajador el incentivo de buscarse alguna enfermedad en vez de pensar en cómo trabajar mejor. Como segundo gran tema está el de la gobernanza dentro de la empresa, como el tema de las vacaciones que tenían que tomarse de octubre a febrero. Tenemos convenios colectivos que tienen 40 años y que lo que se ha generado son sistemas que terminaron rigidizando la forma de relacionamiento entre el sindicato y el empresario. Y, como tercer gran tema está el del costo total que tiene para la empresa un empleado. Si un trabajador gana en mano un millón de pesos, a la compañía le sale dos millones. El costo es del 100%, y ahí están las cargas sociales, jubilaciones, impuestos, aportes, todo. Entonces, ¿qué genera esto? Que las empresas tienen un problema de informalidad muy grande, entre un 40% y un 50% de informalidad. El dato que mejor refleja esta situación es que 1.000 Cuits son el 50% de la economía y 10.000 Cuits son el 75%. Esto rompe la regla de pareto, porque hay casi 600.000 Cuits y el pareto sería que 120.000 Cuits mantuviera todo lo otro. Por eso, nosotros hacemos hincapié en que se debe ampliar la base de aportantes.
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Fortuna: ¿La UIA es consultada para la reforma laboral?
Rappallini: Como presidente de la UIA yo estoy en el Consejo Mayo. También hemos trabajado con el Grupo Los Seis en esta reforma, y le llevamos todos los puntos que nosotros entendíamos que era fundamental.
Fortuna: ¿Cree que hay paciencia tanto social como empresarial para esperar las reformas laborales e impositivas mientras la actividad no crece, la informalidad sigue alta y ya hubo más de 250 mil empleos formales que se perdieron en dos años?
Rappallini: Nuevamente es clave el nuevo contrato productivo, con foco en la exportación, que nos permita trabajar en los costos, y el problema es que las rentabilidades bajan. Claro, como en todo el mundo, hay que trabajar más para ganar lo mismo. Esto va a llevar a la Argentina no a tener una economía inflacionaria, sino a tener una como funciona en el resto de los países del mundo, que pone el foco en sus costos para ser competitiva. Todos los países entendieron que es fundamental crear un sistema en el cual el sector privado es el que crea riqueza, y crear riqueza significa mayor producción, empleo y pagar más impuestos.
Fortuna: En la cumbre industrial, Paola Roca La frase esa que hizo tanto ruido en la cumbre industrial de Pablo Rocca dijo una frase que generó mucho ruido: “Necesitamos que el país vuelva a tener una política industrial”. ¿Qué reflexión le merece?
Rappallini: Su frase fue mal interpretada. Lo que dijo Pablo Roca es que, por ejemplo, Italia tiene una política industrial donde hay un sistema de crédito dentro de un orden macroeconómico con amortización acelerada para promover la inversión y políticas públicas para infraestructura. En definitiva, lo que está diciendo, es que se necesita una política industrial que le dé competitividad a los sectores transables de la economía. No es lo mismo el que compite con las mismas reglas dentro del mismo mercado comercial que el que tiene que competir con el mundo. Lo que ha pasado en el mundo con la política industrial es entender que hay una parte de la economía que tiene otra exigencia en términos de competitividad y como país me tenés que tratar de generar las condiciones para que yo tenga, por lo menos, igualdad contra mis competidores globales. Esa es la política industrial de la que hablaba Rocca. Lo que pasa es que muchos lo llevaron para el lado del intervencionismo.
Fortuna: ¿En este nuevo contrato productivo no hay muchos sectores que tienen miedo de quedarse afuera?
Rappallini: La Argentina tiene una situación de desigualdad importantísima, y no en comparación con China, sino con Brasil. Tenemos una diferencia en costos estructurales de entre un 20% y un 25%. Esa diferencia se genera por los costos impositivos, laborales, financieros, de infraestructura; es lo que llamamos el costo argentino. Eso es lo que hay que bajar. Hoy, en Brasil, cuesta un 30% menos hacer alimentos que en la Argentina por la estructura de costos. Hay que trabajar sobre el costo argentino. ¿Sabés cómo se baja? Con los cinco factores de lo que hablé antes. Y yendo más al detalle implicaría bajar la presión fiscal del 52% actual al 25%, tener una buena regulación laboral y dar créditos a las empresas. Con eso te digo que quizás el 90% o hasta el 95% de la economía puede ser competitiva.
RM