¿Cómo empezar el año con las cuentas en orden?

El orden no depende del momento en que se empieza, sino de la decisión de revisar cómo se administra lo que se tiene. No hace falta una app sofisticada ni conocimientos técnicos. Un Excel, un cuaderno o cualquier formato sirve para entender a dónde se va el dinero.

Redacción Fortuna

Enero suele funcionar como un momento de balance y de nuevos comienzos. En materia financiera, ese punto de partida no pasa tanto por grandes decisiones como por la revisión de hábitos cotidianos que, con el tiempo, pueden ordenar o desordenar la economía personal.

Para el economista Nicolás Parreira, director de Asesoría Financiera, el punto de partida es concreto: registrar los gastos. “No hace falta una app sofisticada ni conocimientos técnicos. Un Excel, un cuaderno o cualquier formato sirve, siempre que permita ver con claridad a dónde se va el dinero”, señala.

Ese ejercicio inicial permite diferenciar gastos fijos y variables, y detectar los llamados gastos hormiga: consumos pequeños y frecuentes —como cafés, salidas o compras mínimas— que suelen pasar inadvertidos pero tienen un impacto significativo en el presupuesto mensual. “Son gastos que no pesan de manera individual, pero acumulados terminan desordenando las cuentas”, explica Parreira.

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Otro de los hábitos centrales es el de “pagarse primero”, un concepto desarrollado por George S. Clason en El hombre más rico de Babilonia. El principio es separar el ahorro apenas se percibe el ingreso. “No debería depender de lo que sobra a fin de mes: conviene definir un porcentaje y asumir que ese dinero ya no está disponible para el gasto cotidiano”, explica Parreira.

En la práctica, el desorden financiero suele construirse de manera gradual. Pagar la tarjeta de crédito sin revisar el resumen, perder de vista las cuotas activas o no saber con precisión qué se compró son conductas frecuentes. “No es algo que ocurra de un día para otro, sino el resultado de decisiones pequeñas que se repiten”, observa Parreira.

También es habitual vivir mes a mes sin planificación, gastando lo disponible e intentando llegar a fin de mes con lo que hay. “Esa lógica de corto plazo, sostenida en el tiempo, termina convirtiéndose en un mal hábito”, agrega.

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A ese escenario se suma una sensación extendida: creer que se llega tarde para ordenar las finanzas personales. Según Parreira, esa percepción suele generar parálisis o desánimo. “Nunca es tarde para mejorar los hábitos financieros. El orden no depende del momento en que se empieza, sino de la decisión de revisar cómo se administra lo que se tiene”, sostiene.

En ese proceso, el foco no está puesto en invertir grandes montos, sino en planificar: entender las deudas, proyectar ingresos y gastos y fijar límites posibles. “La estabilidad financiera no se logra de golpe. Se construye con hábitos sostenidos, constancia y una mirada de largo